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miércoles, julio 29, 2026

Sheinbaum baja el pistón ante el Rey y se conforma con sus ligeras disculpas por la Conquista

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

El encuentro mantenido en el Palacio Nacional de Ciudad de México entre el rey Felipe VI y la presidenta Claudia Sheinbaum supone mucho más que una reunión protocolaria al margen del Mundial de Fútbol de 2026. La imagen de ambos mandatarios estrechando sus manos representa el gesto político más importante entre España y México desde que, hace siete años, las relaciones bilaterales entraran en una profunda crisis diplomática a raíz de la exigencia del entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, de que la Corona española y el Estado español pidieran perdón por los abusos cometidos durante la conquista de América, especialmente en el territorio del actual México.

El encuentro simboliza así el inicio de una nueva etapa de diálogo entre dos países unidos por profundos lazos históricos, culturales, económicos y humanos, pero cuya relación institucional había permanecido prácticamente congelada desde 2019.

La reunión tuvo lugar en el Palacio Nacional, sede de la Presidencia mexicana, coincidiendo con la visita del monarca español al país para asistir al encuentro del Mundial entre las selecciones de España y Uruguay en Guadalajara. Aunque la cita fue de carácter breve, ambas partes quisieron dotarla de una elevada carga simbólica. La presidencia mexicana destacó posteriormente que durante la conversación se abordó la importancia de los pueblos originarios y de la historia compartida entre ambas naciones, al tiempo que ambas delegaciones coincidieron en la conveniencia de fortalecer la relación bilateral en beneficio de sus respectivos ciudadanos.

El deshielo pone fin a uno de los episodios diplomáticos más delicados que han vivido España y México desde el restablecimiento de relaciones tras la dictadura franquista. El origen del conflicto se remonta a marzo de 2019, cuando López Obrador envió una carta a Felipe VI y al papa Francisco solicitando que ambos reconocieran oficialmente los agravios cometidos contra los pueblos indígenas durante la conquista iniciada por Hernán Cortés en 1519.

La petición proponía un acto conjunto de reconciliación con motivo del quinto centenario de la caída de Tenochtitlán, considerando que el reconocimiento histórico contribuiría a cerrar heridas aún presentes en parte de la sociedad mexicana.

La respuesta española fue tajante. El Gobierno de España rechazó la petición argumentando que los acontecimientos ocurridos hace más de cinco siglos no podían juzgarse conforme a los parámetros políticos y jurídicos actuales y defendió que ambos países mantienen desde hace décadas una relación basada en el respeto mutuo, la cooperación y una historia compartida que ha generado profundos vínculos culturales y humanos. La Casa Real tampoco emitió el pronunciamiento específico que reclamaba el Ejecutivo mexicano, lo que dio paso a un prolongado periodo de frialdad diplomática.

Durante los años siguientes, el desencuentro fue acumulando nuevos episodios. Las visitas institucionales de alto nivel prácticamente desaparecieron y la representación de la Corona española en actos oficiales celebrados en México quedó reducida al mínimo. El punto de máxima tensión llegó en 2024, cuando Claudia Sheinbaum decidió no invitar al Rey a su ceremonia de toma de posesión como presidenta de México, alegando que la ausencia de respuesta a la carta enviada por López Obrador seguía siendo una cuestión pendiente para el Estado mexicano. La decisión fue interpretada en España como un nuevo síntoma del deterioro de las relaciones bilaterales y llevó al Gobierno español a limitar su representación institucional en la investidura.

Sin embargo, desde el comienzo del mandato de Sheinbaum comenzaron a producirse discretos gestos orientados a reconstruir los puentes diplomáticos. Ambos gobiernos intensificaron los contactos entre sus respectivos ministerios de Asuntos Exteriores, impulsaron proyectos culturales conjuntos y favorecieron una agenda de cooperación menos condicionada por las discrepancias históricas.

Paralelamente, desde España se produjeron declaraciones institucionales reconociendo que determinados episodios de la colonización no pueden contemplarse hoy como motivo de orgullo, aunque sin asumir formalmente la petición de disculpas que había formulado el Ejecutivo mexicano. Esos movimientos fueron creando el clima político necesario para que pudiera celebrarse finalmente la reunión entre Felipe VI y Sheinbaum.

El encuentro también responde a intereses estratégicos de ambas partes. España constituye uno de los principales inversores extranjeros en México y el segundo socio comercial mexicano dentro de la Unión Europea.

Imagen: © Casa de S.M. el Rey

Decenas de empresas españolas mantienen una presencia consolidada en sectores como la banca, la energía, las infraestructuras, las telecomunicaciones, el turismo y los servicios, mientras que México representa para España uno de sus principales aliados políticos y económicos en Hispanoamérica. La recuperación de una interlocución fluida adquiere además especial relevancia en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y la necesidad de reforzar las alianzas iberoamericanas.

Aunque la cuestión de la conquista sigue formando parte del relato político mexicano, el Gobierno de Sheinbaum ha optado por desplazar el foco hacia una agenda orientada al futuro. La presidenta ha insistido en que el reconocimiento de los pueblos originarios continúa siendo un elemento central de su proyecto político, pero también ha mostrado disposición a construir una relación renovada con España basada en el respeto mutuo, la cooperación económica y el diálogo institucional. Esa posición supone un cambio de tono respecto a los años de mayor confrontación, sin renunciar al discurso histórico que ha caracterizado a los sucesivos gobiernos de Morena.

Por parte española, la visita de Felipe VI ha sido interpretada como una apuesta por recuperar plenamente la interlocución con uno de los principales socios estratégicos de España en Iberoamérica. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que acompañó al monarca durante el viaje, calificó el momento como una oportunidad extraordinaria para reforzar unas relaciones sustentadas en siglos de historia compartida y en una intensa cooperación política, económica, educativa y cultural.

Ambos gobiernos esperan además que esta nueva etapa permita llegar con unas relaciones plenamente normalizadas a la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, prevista para celebrarse en España a finales de este año.

La fotografía de Felipe VI y Claudia Sheinbaum en el Palacio Nacional constituye, por tanto, mucho más que un gesto protocolario. Representa el cierre simbólico de uno de los desencuentros diplomáticos más prolongados entre ambos países en las últimas décadas y abre una nueva fase en la que, sin desaparecer las diferencias sobre la interpretación del pasado colonial, España y México parecen decididos a situar en primer plano los intereses comunes, la cooperación económica y la proyección compartida dentro del espacio iberoamericano.

Siete años después de la carta que desencadenó la crisis, ambos gobiernos han optado finalmente por sustituir la confrontación histórica por una diplomacia basada en el diálogo y la construcción de una agenda común de futuro.

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