El vicepresidente de la Federación Española de Empresas de Seguridad (FES), Vicente de la Cruz, advirtió este martes de los retos estructurales a los que se enfrentan muchas empresas del sector de la seguridad privada, especialmente las pequeñas y medianas compañías. Durante su intervención en la asamblea de la organización, De la Cruz señaló que una parte importante de las empresas que desaparecen lo hacen por dificultades relacionadas con el cumplimiento normativo y las obligaciones administrativas, más que por problemas derivados de la actividad empresarial en sí misma.
El directivo explicó que numerosas pymes del sector acaban enfrentándose a situaciones críticas por cuestiones vinculadas a la normativa laboral, fiscal o regulatoria. En concreto, mencionó problemas relacionados con la Seguridad Social, Hacienda o sanciones graves en materia de seguridad privada como algunos de los factores que pueden llevar al cierre de compañías.
En su opinión, este escenario pone de relieve la importancia de que las empresas dispongan de una estructura organizativa sólida y de una gestión profesionalizada para afrontar un entorno cada vez más exigente desde el punto de vista regulatorio.
En este contexto, De la Cruz destacó que el sector de la vigilancia privada está experimentando una creciente demanda, impulsada en parte por la necesidad de proteger infraestructuras, empresas y servicios en un entorno de riesgos cada vez más complejos. Sin embargo, advirtió de que el crecimiento del mercado no garantiza automáticamente la sostenibilidad de las empresas si estas no desarrollan modelos de negocio sólidos y diferenciados.
A su juicio, el verdadero desafío para el sector no es tanto crecer como hacerlo con un modelo empresarial adecuado. “El año 2026 no castiga al sector de la seguridad; castiga la falta de estructura”, afirmó. Según explicó, la escala empresarial puede ayudar a consolidar proyectos empresariales, pero el elemento clave es la profesionalización de las compañías y su capacidad para adaptarse a los cambios del mercado.
Uno de los principales problemas que identificó el vicepresidente de la FES es que el servicio de vigilancia privada se ha convertido en muchos casos en lo que definió como una “commodity”, es decir, un servicio que el mercado percibe como intercambiable entre diferentes proveedores. Cuando esto ocurre, explicó, la competencia entre empresas se reduce casi exclusivamente al precio, ya que los clientes no perciben diferencias claras entre las prestaciones de unas compañías y otras.
Esta situación se refleja especialmente en los concursos y licitaciones, donde el factor determinante suele ser el coste del servicio. Según De la Cruz, muchas empresas se ven obligadas a competir rebajando precios para poder adjudicarse contratos, lo que a largo plazo puede debilitar la sostenibilidad económica del sector. “No es que las empresas quieran tirar los precios; es que en muchos casos la única forma de ganar licitaciones es competir exclusivamente por precio”, señaló.
Ante esta dinámica, el vicepresidente de la federación defendió la necesidad de cambiar el enfoque tanto desde el ámbito empresarial como desde el institucional. En el caso de las administraciones públicas, que son responsables de una parte importante de las licitaciones en materia de seguridad, propuso introducir con mayor peso criterios de calidad, formación o estructura empresarial, reduciendo la dependencia del precio como principal factor de adjudicación.
En su opinión, este cambio resulta imprescindible para evitar que la propia industria termine deteriorándose. De la Cruz subrayó que este problema no es exclusivo de España y que la tendencia a convertir los servicios de vigilancia en un producto de bajo valor añadido se observa también en otros países. No obstante, aseguró que algunas compañías han conseguido diferenciarse introduciendo innovaciones y nuevas formas de prestar el servicio.
Entre las estrategias para salir de esa dinámica, el directivo destacó la importancia de generar una diferenciación visible para el cliente. Esta diferenciación puede lograrse mediante la integración de tecnología en los servicios de vigilancia, el refuerzo de los sistemas de supervisión o la incorporación de nuevos servicios que aporten valor añadido. En este sentido, insistió en que las empresas no deberían limitarse a vender horas de vigilancia, sino ofrecer soluciones orientadas a la reducción de riesgos, la continuidad operativa y el control de los procesos de seguridad.
Otro de los elementos clave para mejorar la competitividad del sector es la especialización. Según explicó, algunas compañías han optado por concentrar su actividad en determinados ámbitos, como la seguridad en urbanizaciones, polígonos industriales, hospitales, eventos o infraestructuras críticas. Este enfoque permite desarrollar un conocimiento más profundo de las necesidades de cada entorno y ofrecer servicios más adaptados a los clientes.
Tecnología ‘humana’
De la Cruz también destacó la importancia de combinar la vigilancia humana con la tecnología. A su juicio, la integración de herramientas digitales ya no es una opción, sino una necesidad para las empresas del sector. No obstante, matizó que la tecnología no debe entenderse únicamente como la instalación de nuevos dispositivos, como cámaras o sistemas de detección, sino como un proceso más amplio de digitalización de las compañías.
Entre otras aplicaciones, mencionó la posibilidad de mejorar la trazabilidad de los servicios, controlar en tiempo real la presencia de los vigilantes, registrar la actividad en los distintos puestos o generar informes de calidad para los clientes. Este tipo de herramientas, afirmó, permite ofrecer un servicio más transparente, mejorar la supervisión interna y reforzar la confianza de los usuarios.
La profesionalización del sector fue otro de los aspectos centrales de su intervención. De la Cruz subrayó que muchas empresas todavía presentan carencias en materia de supervisión, control operativo o gestión de equipos. En algunos casos, explicó, los servicios se ponen en marcha sin un seguimiento adecuado por parte de la empresa, lo que termina generando una percepción de falta de calidad.
Para corregir esta situación, defendió la necesidad de reforzar la estructura de mandos intermedios, mejorar los sistemas de control y apostar decididamente por la formación de los profesionales. Según señaló, los vigilantes bien formados prestan un mejor servicio, comprenden mejor los objetivos de la empresa y contribuyen a mejorar la calidad global de la actividad.
En este sentido, destacó que la formación, la consultoría y la tecnología representan tres ámbitos que pueden aportar un importante valor añadido al sector. Especialmente relevante, indicó, es el papel de la consultoría en seguridad, una función que la legislación atribuye a los jefes de seguridad pero que en la práctica muchas veces no se desarrolla plenamente.
De la Cruz explicó que en numerosas ocasiones los servicios de vigilancia se implantan sin haber realizado previamente un análisis de riesgos o una planificación estratégica de la seguridad. Este tipo de estudios, afirmó, pueden convertirse en un elemento diferenciador para las empresas que quieran ofrecer soluciones más completas a sus clientes.
Asimismo, subrayó que la digitalización y la mejora de los procesos internos no deben considerarse únicamente como un gasto, sino como una inversión que puede elevar los estándares de calidad y mejorar la competitividad de las compañías. En este sentido, recordó que existen programas y fondos destinados a la formación que pueden ayudar a impulsar esta transformación.

El vicepresidente de la federación también recordó que el sector de la seguridad privada es uno de los más regulados de la economía, incluso por encima de otros países europeos como Francia o Italia o del propio mercado estadounidense. Sin embargo, señaló que esta fuerte regulación no ha evitado problemas estructurales similares a los que se observan en otros mercados, como la presión sobre los precios en el ámbito de la vigilancia.
En la parte final de su intervención, De la Cruz resumió su diagnóstico en tres ideas principales. En primer lugar, afirmó que la vigilancia sigue siendo un servicio imprescindible para la protección de empresas e infraestructuras, pero advirtió de que no puede seguir compitiendo como si se tratara de un servicio totalmente intercambiable entre proveedores.
En segundo lugar, señaló que la especialización, la integración tecnológica y la formación son las principales herramientas para evitar que el sector quede atrapado en una competencia basada únicamente en el precio. Finalmente, defendió la necesidad de que las organizaciones empresariales también evolucionen para adaptarse a las nuevas necesidades del sector.
En este sentido, destacó el trabajo que se está desarrollando dentro de la FES para actualizar su estructura institucional y adaptar sus estatutos a los retos actuales del sector. Según explicó, el objetivo es construir una federación más útil para las empresas y más preparada para representar sus intereses en un contexto de transformación económica y tecnológica.



