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viernes, julio 31, 2026

Protecturi (y V). Antonio Tortosa (Tecnifuego): «El director de Seguridad también es el responsable de la protección contra incendios»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

Nota del editor: La Abadía de Montserrat, formada por siglos de historia y peregrinaje, acogió el 8 de noviembre una jornada dedicada a la protección del patrimonio histórico y cultural organizada por Protecturi. La ubicación no es casual: se celebra en el marco de los actos conmemorativos del Milenario del monasterio, y reunió a profesionales de la seguridad, de la gestión cultural, de las fuerzas de orden público y de las tecnologías emergentes con un objetivo común: debatir, preparar y reforzar los mecanismos que garanticen la salvaguarda de los bienes patrimoniales ante amenazas nuevas y antiguas.

El programa previsto contemplaba una combinación de ponencias, mesas redondas y bloques temáticos que abordaron desde la gestión y dirección de seguridad en museos, hasta actos delictivos que afectan al patrimonio, pasando por tendencias digitales, inteligencia artificial, certificaciones, tecnologías híbridas, y riesgos específicos como los incendios en bienes culturales. Este enfoque multidisciplinar refleja la complejidad de los retos actuales para la protección del patrimonio, donde lo físico se cruza con lo tecnológico y lo organizativo.

La cobertura periodística del evento por Delta13News se traduce en una serie de informaciones que resumen lo más relevante de sus conclusiones. La de hoy es la quinta y última entrega de esta serie.

Antonio Tortosa, vicepresidente de Tecnifuego, advierte de un error común en materia de seguridad en las empresas o instituciones al atribuir la prevención y detección de incendios al departamento de mantenimiento cuando dicha responsabilidad debería recaer directamente en la dirección de seguridad.

En su intervención en la Jornada de Patrimonio Histórico organizada el sábado, día 8, por Protecturi, Tortosa, que fue presentado por Manuel Campos, director de Seguridad de la Catedral de Sevilla, puso el acento en la figura del director de seguridad como responsable no solo de la vigilancia de las instalaciones, sino del conjunto del espacio que debe ser preservado y que, en cumplimiento de la vigente ley de seguridad, ha de contemplar los incendios como causante de potenciales daños.

En este contexto, se felicitó porque que, en la actualidad, en la mayoría de los casos la protección contra los incendios está integrada en el Departamento de Seguridad, si bien advirtió que “en otras ocasiones no lo está” y sí en el área de mantenimiento, lo que, a su juicio, “es un error, y además de ser un error, el director de seguridad, o la dirección en concreto de museo, etcétera, está incumpliendo la ley de seguridad”.

El mensaje que quiso lanzar, sin ambages, a los directores de seguridad es que “son los responsables de la protección contra un incendio”. No en vano, ante una incidencia de estas características y llegado el caso de que alcance un procedimiento judicial, el juez “va a tirar por lo que está en la ley, no por lo que diga el director de la instalación”.

Entrando al detalle en la materia de la que es competente, explicó que la seguridad contra incendios en un edificio histórico y patrimonial no se completa solo con la instalación de un dispositivo de protección contra incendios, tanto activa y pasiva. En este entorno, subrayó, “hay que hacer un protocolo de actuación y de emergencia, siendo fundamental la información para los bomberos”.

Otro aspecto del que se felicitó es que los últimos años “hemos conseguido, entre todos, que los bomberos se involucren en este tema. Antes, los bomberos solo iban a extinguir, no a prevenir”, circunstancia que se ha revertido de un tiempo a esta parte fruto de “un esfuerzo que ha habido tanto por la sociedad civil como por la parte de bomberos”, pues, incidió, “deben conocer las instalaciones que van a proteger”, y en cuyo marco “la formación del personal es muy importante para poder dar una rápida respuesta”.

Un código o protocolo de actuación para afrontar todo tipo de emergencia, como es un incendio, no solo es obligatorio: es, o puede ser en muchos casos, lo que ponga a salvo aquello que se desea proteger. Porque apagar un incendio es solo parte de la operativa. Se trata de salvar los bienes que contiene la instalación, que, para el caso de los museos, su valor es fácil de imaginar que supera con creces el edificio que los acoge en sí mismo. Y en este contexto, ha de tenerse en cuenta, que atacar un incendio conlleva riesgos que pueden afectar a esos bienes.

Entre los efectos que genera un incendio destaca un aumento de temperatura, una disminución de la humedad, generación de humo y de llamas, calentamiento de los recintos por radiación y posible combustión espontánea, además de entrada de agua para su extensión. Y es en este punto en el que Tortosa avisa de algo que no siempre se tiene en cuenta, que es que “el agua, como agente extintor para enfriar es muy bueno”, pero en el ámbito del patrimonio, “el agua es muy mala”, razón por la que “hay que saber utilizarla y tener los conocimientos de cómo se hace”.

Como recordó, los incendios de la catedral de Norte Dame en París o en la Bolsa de Copenhague, “apagaron el fuego, pero lo poco que pudo salvarse en el interior, sufrió tanto o más por el agua”. Eso, por no hablar de que un exceso de agua podría poner en peligro los muros del edificio, que podría venirse abajo por esta razón.

Antonio Tortosa explicó que en la seguridad contra incendios “se debe completar la instalación de sistemas activos y pasivos contra el fuego, humo y agua, con productos desarrollados”.

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