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miércoles, julio 29, 2026

Delcy Rodríguez destituye al ministro de Defensa de Venezuela y reconfigura el poder militar del chavismo

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La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció este miércoles la destitución del hasta ahora ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, poniendo fin a más de una década al frente de las Fuerzas Armadas y abriendo una nueva etapa en la estructura de poder del chavismo.

La decisión, confirmada por el propio Ejecutivo y adelantada por diversos medios internacionales, supone uno de los movimientos más relevantes desde que Rodríguez asumió el control del país tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de 2026.

La mandataria comunicó el relevo a través de sus canales oficiales, donde agradeció públicamente la “lealtad” y el “servicio a la patria” de Padrino López, una figura clave en la consolidación del modelo de poder cívico-militar instaurado durante los años de Maduro. Sin embargo, evitó detallar los motivos concretos de su salida, limitándose a señalar que el general asumirá “nuevas responsabilidades”, sin precisar su alcance ni su ubicación dentro del aparato estatal.

El sustituto será el general Gustavo González López, un militar con amplio recorrido en los servicios de inteligencia y estrechos vínculos con el núcleo duro del chavismo.

González López ha ocupado cargos estratégicos como la dirección del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) y la jefatura de la contrainteligencia militar, además de haber sido recientemente designado al frente de la Guardia de Honor Presidencial, lo que lo sitúa como uno de los hombres de máxima confianza de Rodríguez.

La salida de Padrino López marca el final de una etapa iniciada en 2014, cuando fue nombrado ministro en un contexto de protestas antigubernamentales y creciente militarización del poder político. Durante más de once años, se convirtió en una de las figuras más influyentes del chavismo, garante de la estabilidad interna de las Fuerzas Armadas y pieza clave en la supervivencia del régimen en momentos críticos.

No obstante, su permanencia también estuvo rodeada de polémica. Diversas agencias estadounidenses lo acusaron de corrupción y de estar implicado en redes de narcotráfico, señalamientos que derivaron en sanciones internacionales y en su inclusión en listas de personas buscadas por la justicia de Estados Unidos. Estas acusaciones, aunque rechazadas por el chavismo, contribuyeron a erosionar su figura en el ámbito internacional.

El relevo se produce en un momento de profunda reconfiguración del Estado venezolano, tras la intervención militar estadounidense de enero que culminó con la captura de Maduro y provocó un cambio abrupto en el equilibrio de poder interno. Desde entonces, el Gobierno encabezado por Rodríguez ha impulsado una serie de ajustes en el gabinete y en las instituciones clave, con el objetivo de consolidar su control y estabilizar el país en medio de presiones internas y externas.

La destitución podría responder a varios factores simultáneos. Por un lado, al malestar creciente dentro de sectores de las Fuerzas Armadas, donde se percibía un estancamiento en la cúpula militar tras años sin renovación. Por otro, a las críticas por la respuesta del aparato de defensa durante el ataque que permitió la captura de Maduro, un episodio que dejó en evidencia debilidades en la estructura de seguridad del Estado.

Además, el nombramiento de González López apunta a una estrategia de concentración de poder en figuras de máxima lealtad política y con experiencia en inteligencia, un perfil considerado clave en el actual contexto de incertidumbre. Su trayectoria en organismos de seguridad y contrainteligencia lo convierte en un actor central para reforzar el control interno y prevenir posibles fracturas dentro del estamento militar.

La decisión también tiene implicaciones en el plano internacional. En las últimas semanas, el Gobierno venezolano ha iniciado contactos con Estados Unidos en áreas como energía, seguridad y gestión de recursos estratégicos, en un giro pragmático que podría influir en la recomposición del aparato estatal. En este escenario, el relevo en Defensa se interpreta como parte de un proceso más amplio de reajuste político y militar orientado a facilitar esa transición.

En cualquier caso, la salida de Padrino López supone un punto de inflexión en el chavismo. Su figura representaba la continuidad del modelo instaurado por Hugo Chávez y mantenido por Maduro, basado en la estrecha alianza entre poder político y militar. Con su destitución, ese equilibrio entra en una nueva fase, aún incierta, en la que el liderazgo de Rodríguez busca redefinir las bases del control institucional en un país marcado por la crisis, la presión internacional y la reconfiguración de su propio sistema de poder.

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