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miércoles, julio 29, 2026

EE.UU. ataca al Estado Islámico en Nigeria por la matanza de cristianos

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Durante la noche de este 25 de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en su plataforma de redes sociales que el ejército estadounidense había lanzado una serie de ataques aéreos “poderosos y letales” contra posiciones del Estado Islámico en el noroeste de Nigeria. Trump aseguró que la operación fue ordenada bajo su autoridad como Comandante en Jefe y dirigida contra militantes del grupo yihadista al que responsabilizó de asesinar “principalmente a cristianos inocentes” en Nigeria.

Trump publicó mensajes en los que describió a los combatientes del Estado Islámico como “escoria terrorista” y afirmó que, tras semanas criticando la incapacidad del gobierno nigeriano para frenar la violencia sectaria, Washington había decidido intervenir militarmente.

Cooperación con el gobierno nigeriano: una versión oficial compartida

Después del anuncio, U.S. Africa Command (AFRICOM), el comando militar estadounidense responsable de las operaciones en el continente africano, confirmó que los ataques se llevaron a cabo en coordinación con las autoridades de Nigeria y a petición del gobierno nigeriano, aunque posteriormente esa declaración fue retirada de sus canales oficiales.

Las autoridades nigerianas, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, publicaron una declaración en la que afirmaron que la cooperación con Estados Unidos se basó en el intercambio de inteligencia y esfuerzos conjuntos contra el terrorismo, insistiendo en que cualquier violencia afecta a comunidades de todas las religiones en su país.

De lo que se conoce hasta ahora, los ataques se enfocaron en Sokoto State, en el noroeste del país, una región donde varios grupos vinculados al Estado Islámico yihadista han incrementado su actividad. Las fuerzas estadounidenses, incluyendo plataformas navales y municiones de precisión como misiles de crucero Tomahawk, fueron empleadas para golpear campamentos, infraestructura y posiciones identificadas como pertenecientes a militantes.

El comando militar estadounidense señaló que “múltiples militantes” del Estado Islámico murieron en los ataques, aunque no se han divulgado cifras exactas ni detalles operativos más allá de esa evaluación preliminar.

Violencia, terrorismo y la política exterior de Trump

La operación llega tras varios meses de tensión entre Washington y Abuja. En noviembre, Trump había designado oficialmente a Nigeria como un “país de particular preocupación” por presuntas violaciones de la libertad religiosa, una medida que puede habilitar sanciones y restricciones, tras afirmar que el gobierno nigeriano no había protegido adecuadamente a las comunidades cristianas de ataques de extremistas.

Ese señalamiento generó críticas y rechazo desde Nigeria, donde las autoridades subrayaron que la violencia extremista, incluyendo grupos como Boko Haram y el Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP), afecta tanto a cristianos como a musulmanes y es un problema de seguridad compleja y multifacética, no exclusivamente religiosa.

En el contexto global, la acción estadounidense se inserta en una estrategia más amplia de Trump de intensificar operaciones contra milicias yihadistas fuera de los teatros tradicionales de Oriente Medio, incluso en África, donde la presencia militar estadounidense había disminuido en años recientes. La respuesta internacional y doméstica ha sido heterogénea. Desde el gobierno nigeriano, la cooperación militar con Estados Unidos se presenta como un esfuerzo conjunto contra el terrorismo, respetando la soberanía nacional y el derecho internacional.

En Estados Unidos, figuras políticas conservadoras han celebrado la acción como una defensa de los valores occidentales y la protección de grupos vulnerables. Entretanto, analistas críticos han cuestionado la narrativa oficial sobre la motivación religiosa, recordando que el ciclo de violencia en Nigeria tiene raíces sociales, económicas y étnicas profundas, más allá de simples motivaciones confesionales.

Organizaciones de derechos humanos y expertos en seguridad también han advertido sobre el peligro de una respuesta militar aislada sin una estrategia política más amplia que aborde la gobernanza, el subdesarrollo y la falta de presencia del Estado en muchas zonas rurales nigerianas, donde grupos extremistas se han arraigado durante años.

La operación marca un hito significativo: es la primera acción militar directa estadounidense contra el Estado Islámico dentro del territorio nigeriano, y lo hace con una retórica marcada por motivos religiosos y discursos políticos polarizadores. La intervención estadounidense, aunque limitada en alcance geográfico, podría tener efectos de largo plazo en la política regional de seguridad, la relación bilateral Nigeria-EE. UU. y la dinámica de los grupos extremistas, que podrían dispersarse o reactiven sus células en respuesta a bombardeos.

 

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