En el marco del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), Donald Trump reafirmó este miércoles su propósito de hacerse con Groenlandia, para lo que solicitó “negociaciones inmediatas”, aunque aseguró que no recurriría a la fuerza militar para conseguirlo. Señaló que Estados Unidos debe ser el custodio del territorio para garantizar la seguridad de Occidente, a pesar de la soberanía danesa y del derecho internacional.
En este sentido, anunció un principio de acuerdo con la OTAN que podría poner punto final a la polémica que ha enfrentado, como nunca antes, a potencias estrechamente aliadas desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Trump articuló sus prioridades presentando la adquisición como una cuestión de defensa colectiva para contrarrestar las ambiciones rusas y chinas en el Ártico. Sin embargo, sus declaraciones, como afirmar que EE. UU. “pagó el 100 % de la OTAN”, encendieron tensiones con los aliados occidentales, que consideran estas afirmaciones inexactas o exageradas.
El mensaje textual de Donald Trump, difundido en su red social Truth Social, reza lo siguiente:
“Tras una reunión muy productiva con el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, hemos establecido el marco para un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región ártica. Esta solución, de concretarse, será muy beneficiosa para Estados Unidos y todos los países de la OTAN. Con base en este entendimiento, no impondré los aranceles que debían entrar en vigor el 1 de febrero. Se están llevando a cabo conversaciones adicionales sobre la Cúpula Dorada en relación con Groenlandia. Se proporcionará más información a medida que avancen las conversaciones. El vicepresidente J. D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff y otros, según sea necesario, serán responsables de las negociaciones. Me reportarán directamente”.
La disputa sobre Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa ubicado en el Ártico, ha pasado de ser una anécdota diplomática a una de las tensiones más serias entre Estados Unidos y sus aliados europeos desde el fin de la Guerra Fría. La controversia se intensificó con las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre su interés por “adquirir” o “poseer” Groenlandia, lo que ha desencadenado choques políticos, amenazas de aranceles, protestas populares y una reevaluación del papel de la OTAN en la región.
Aunque la idea se remonta a décadas atrás mediante propuestas diplomáticas poco formales, el interés de Trump por Groenlandia se volvió noticia internacional cuando expresó públicamente que Estados Unidos podría comprar la isla, argumentando razones de seguridad nacional y estratégica. Trump ha sostenido que si EE. UU. no actúa, Rusia o China podrían hacerse con el control del territorio en el Ártico, dada su posición geoestratégica para la vigilancia militar y el acceso a rutas marítimas abiertas por el deshielo polar.
Desde 2019, Trump ha repetido estas declaraciones en varios formatos, insistiendo en que EE. UU. necesita “poseer” Groenlandia y no simplemente tener presencia militar temporal o acuerdos limitados con el país nórdico.
El papel de la OTAN en medio de la crisis
En medio del creciente conflicto, la OTAN se ha visto arrastrada al centro de un debate que tradicionalmente habría permanecido en el ámbito bilateral entre Washington y Copenhague. Trump llegó a pedir a la OTAN que “marque el camino” para respaldar sus demandas sobre Groenlandia, sugiriendo que la alianza debería alinearse con la política estadounidense para asegurar el Ártico. Esta postura fue interpretada por muchos como una presión para que la organización respalde las reclamaciones territoriales de EE. UU., una idea que los aliados han recibido con cautela o rechazo, pues pone en tela de juicio los principios de soberanía nacional dentro de la alianza.
Aunque ha habido propuestas de reforzar la presencia militar aliada en el Ártico con ejercicios conjuntos y mayor vigilancia estratégica (incluyendo aportaciones de Dinamarca, Alemania, Reino Unido y Francia), estos esfuerzos se han visto como intentos de contrarrestar o “apaciguar” la presión americana sobre Groenlandia y evitar una confrontación directa sobre soberanía.
La controversia escaló fuertemente cuando Trump anunció sanciones arancelarias progresivas de hasta el 25 % contra ocho países europeos —incluidos Dinamarca, Alemania, Francia, Reino Unido y Países Bajos— si no aceptaban vender Groenlandia a Estados Unidos. Esta medida, vista como una táctica de presión económica sin precedentes entre aliados de la OTAN, intensificó la crisis transatlántica. Con este acuerdo con la OTAN estos aranceles no terminarán de amplicarse.
El objetivo declarado de esos aranceles era forzar un acuerdo de venta “completo y total” de Groenlandia, pero la respuesta europea fue tajante en su rechazo, argumentando que tales amenazas socavan la cooperación y ponen en riesgo la estabilidad de las relaciones dentro de la alianza.
En cualquier caso, la tensión generada por esta cuestión en las primeras semanas del nuevo año ha sido tal que el Parlamento Europeo decidió suspender la ratificación de un acuerdo comercial clave con Estados Unidos, pactado en Turnberry en 2025, en protesta por las amenazas de Trump relacionadas con Groenlandia y los aranceles a países aliados. Este gesto no solo detuvo el comercio bilateral, sino que también simbolizó un rechazo político frontal a la política estadounidense sobre la isla.
Desde Copenhague, el gobierno danés sostiene firmemente que Estados Unidos no tiene derecho a anexar ni a poseer Groenlandia. La primera ministra danesa advirtió que cualquier acción militar estadounidense convertiría a EE. UU. en un adversario y pondría en peligro la propia OTAN.
Las protestas públicas también se hicieron sentir: miles de manifestantes en Groenlandia y en Dinamarca salieron a las calles bajo el lema “Greenland is not for sale” (“Groenlandia no está en venta”), expresando rechazo a cualquier intento de presión extranjera sobre su futuro.
El “acuerdo” entre Trump y la OTAN” ¿un marco para el Ártico?
En medio de esta controversia, Trump anunciaba este miércoles que había alcanzado un “acuerdo marco” con la OTAN para un futuro pacto de seguridad en el Ártico, generando confusión sobre el significado real de ese consenso. Según fuentes oficiales, este marco busca incrementar la cooperación en seguridad en el Ártico, pero no implica, según los aliados, ninguna transferencia de soberanía sobre Groenlandia.
El anuncio de Trump de cancelar las amenazas arancelarias frente a este marco de cooperación fue interpretado por analistas como un intento de rebajar las tensiones, aunque el núcleo de la polémica, la aspiración estadounidense de controlar Groenlandia, sigue sin resolverse.



