‘Estrategia clásica en la China del siglo XXI’ es la última obra ensayística publicada por Enrique Villalba Díez, donde plantea una relación de las bases doctrinales de la estrategia clásica china con las políticas que están llevando a cabo la República Popular de China y la República de China (Taiwán). Para ello, analiza los principios de dichas doctrinas, la situación geopolítica de ambos territorios y los posibles patrones de conducta planteados en función de la problemática que experimenta cada uno de ellos.
Enrique Villalba (Madrid, 1982) es periodista, geohistoriador especialista en geopolítica, seguridad y relaciones internacionales, y docente de instituto en la Comunidad de Madrid, en cuyo contexto es experto en educación a alumnado con Alta Capacidad y Desarrollo del Talento, y alumnado con Trastorno del Espectro Autista. Además, es analista en Delta13News.
Es autor de varios libros, entre los que destaca ‘Enseñar geopolítica en Educación Secundaria Obligatoria‘, ‘Made in Madrid’ y ‘Madrid. Siglo XXI’, entre otros. Ha sido profesor universitario asociado en la UDIMA y en la Universidad Villanueva. Es premio periodístico de la Guardia Civil y Antena de Plata de Comunicación.
Licenciado en Periodismo, con premio especial fin de carrera, experto en Urbanismo y Transporte, ha trabajado en Madridiario, La Razón, Cadena Ser, Cadena Cope, TVE, RNE, Vida Nueva y La Guía del Ocio, entre otros medios. Actualmente, es cofundador del periódico Nuevo Sureste y redactor de Diario de Rivas.
También, es graduado en Geografía e Historia, especialista en Geopolítica, Seguridad, Conflictos Bélicos, Inteligencia e Historia Militar; y Máster en Relaciones Internacionales con especialidad en Estudios Polares. Es colaborador del proyecto EtnoCAM de la Comunidad de Madrid en la ciudad de Rivas Vaciamadrid.
Enrique, ¿qué papel juega la tradición estratégica china en el pensamiento político y económico actual del país y cómo se conecta la estrategia clásica china con los desafíos del siglo XXI?
A mi modo de ver, su tradición estratégica es determinante porque está impresa en su ADN como civilización. Su planteamiento se comprende desde el punto de vista de que el Estado es una proyección de la familia, desde un punto de vista paternalista y autoritario, y su universo de valores concibe la gestión del conflicto como parte de la naturaleza que hay que afrontar. La cultura china enfoca la política y las relaciones internacionales desde una perspectiva eminentemente práctica.
¿Qué diferencias fundamentales existen entre la visión estratégica de China y la de Occidente?
Hice hace tiempo un curso estupendo sobre ‘El arte de la guerra‘ de Sun Tzu en el que el profesor Manuel Herranz explicaba a la perfección la diferencia entre ambos pensamientos respecto al conflicto. El chino es pragmático y realista con el objetivo de sostener el Estado. La guerra es parte de la política. El fin justifica los medios. El occidental, cuya concepción está construida en torno al canon griego, crea un universo cultural alrededor de la guerra. Ha de justificarla literariamente. En mi investigación he podido comprobar cómo pensamientos que se consideran los pilares de la geopolítica occidental como que el fin justifica los medios, que la paz se obtiene preparándose para la guerra o que la guerra es una continuación de la política por otros medios son aspectos que los chinos habían tratado varios siglos antes.
En realidad, no sólo ellos, pues pueden encontrarse varias de estas ideas en textos de otras culturas anteriores. Otras diferencias que me parecen demoledoras son la educación del pensamiento estratégico en espacios sociales como la familia, la escuela, la espiritualidad o el juego. Pero también otras como el concepto de que la guerra es un mal negocio pero un mal necesario, el estudio taoísta de los llenos y los vacíos, la ficción de movimientos que practica para provocar la actuación de los adversarios, como ha ocurrido en sus ejercicios militares en aguas de Taiwán con la flota estadounidense.
¿Cree que Occidente ha entendido mal la evolución de China en las últimas décadas?
Occidente ha entendido tarde a China y el mar de fondo del mundo poscolonial. Creía que su sistema iba a garantizar de manera permanente su hegemonía. Se arrogó el poder de decir al mundo cómo debía vivir y pensar en vez de entender cómo pensaban. Recuerda a esos textos del imperialismo del siglo XIX en que los ingleses decían que debían iluminar a los pueblos atrasados para su salvación, convirtiendo las periferias en sus fábricas. A medida que la globalización avanza y occidente entra en su propia trampa retórica con la defensa de sus principios fundacionales y, a la vez, los del multiculturalismo, China tiene necesariamente que ganar la partida precisamente porque es práctica. Mientras aquí nos preocupamos de amarrar los tapones de plástico a las botellas, allí investigan el 6G y otras tantas tecnologías a partir de nuestras propias patentes. Nos podrían decir eso de «¡Es la economía, estúpidos».
¿Qué enseñanzas de Sun Tzu o del confucianismo siguen vigentes en la política exterior china?
China mantiene una política exterior inspirada en el pensamiento estratégico. El confucianismo y las teorías de Sun Tzu son parte de la columna vertebral del pensamiento chino, pero precisamente un libro como este, dentro de lo pequeño que es porque no soy un sinólogo, trata de demostrar que la tradición es mucho más profunda, rica y diversa. No obstante, sí que podemos hallar una serie de patrones básicos que se pueden achacar a su pregunta. De Sun Tzu, sigue vigente el principio de evitar el conflicto directo y usar la astucia, la disuasión y la guerra psicológica para debilitar al adversario sin necesidad de combate abierto. Del confucianismo, perviven la armonía, el orden y la jerarquía, lo cual se refleja en el énfasis chino en relaciones internacionales basadas en la estabilidad, el respeto a la autoridad y una visión jerárquica del orden mundial, si bien este último concepto se lleva a cabo de una manera mucho más soterrada que los anteriores..
¿Cómo se manifiesta la estrategia del ‘largo plazo’ en la política de Xi Jinping?
Xi Jinping ha consolidado una visión de largo plazo centrada en el ‘sueño chino’. Se trata de restaurar el poder y la influencia global que China perdió en época del imperialismo, lo que en su ADN nacional se considera una humillación. Esta estrategia se manifiesta en iniciativas como la Franja y la nueva Ruta de la Seda, en la modernización militar, la autosuficiencia tecnológica y en la consolidación del poder del Partido a largo plazo. Todo ello responde a una planificación minuciosa y paulatina para alcanzar la hegemonía global, sin confrontaciones precipitadas. Y tiene enormes ramificaciones e implicaciones.
Por ejemplo, el otro día veía en redes sociales influencers chinos explicando las bondades del sistema político chino sin atacar al sistema occidental. Hemos de tener en cuenta que en un contexto de crisis democrática abierta, en la que los modelos iliberales, el populismo, la polarización y la autocracia se abren camino, hay argumentarios de sistemas como el chino que pueden funcionar. Por ejemplo, para cierta parte de la población es seductor pensar no tener que ejercer una tutela directa sobre el sistema político y que el ejecutivo puede centrarse en operaciones políticas a largo plazo, en vez de en la inmediatez que exigen las legislaturas democráticas, porque no existen elecciones.
¿Qué papel juega la paciencia y la ambigüedad en la diplomacia china?
La diplomacia china hace un uso estratégico de ambas. La paciencia se traduce en movimientos graduales, sin prisa pero sin pausa, observando y reflexionando, lo que les permite consolidar posiciones antes de actuar con mayor contundencia. Al final, quiere decir que hay que conocerse a uno mismo y al otro para no perder la batalla. La ambigüedad, por su parte, es una herramienta para mantener margen de maniobra y evitar compromisos definitivos que limiten su actuación futura, como se ve en cuestiones como Taiwán o el mar de China meridional.
¿Considera que estamos ante una nueva Guerra Fría entre China y EE. UU., y, en este marco, qué papel juega Europa en este tablero geoestratégico?
La confrontación sistémica existe con matices. Hay una interdependencia económica y una rivalidad tecnológica, más que una carrera armamentística, que actúa de forma mucho más soterrada. China sabe que pierde si deja caer a Estados Unidos con todas sus consecuencias y que no puede acudir a un enfrentamiento directo. Europa se ve atrapada entre ambos polos y en sus propias contradicciones ideológicas y diplomáticas. Su falta de cohesión, su falta de autonomía estratégica y defensiva, y sus estándares éticos minan su potencialidad. Son aspectos que a China y, en menor medida, a Estados Unidos, les traen sin cuidado.
Por cierto, ¿qué valores considera que Occidente debería aprender de la tradición china?
Hay que realizar una valoración realista y pragmática en la que entendamos que los valores se construyen a partir de la satisfacción de los intereses. Occidente podría aprender el valor de la visión a largo plazo, de la planificación generacional y no electoral, basada en la anticipación, la paciencia y la acumulación progresiva de poder e influencia. Otro valor clave es el orden y la armonía. La sociedad china concede gran importancia al equilibrio, la cohesión social y el cumplimiento de los deberes. Este enfoque promueve una noción del bien común como guía de la acción política y social, algo que en ocasiones se echa en falta en las democracias liberales fragmentadas.
Asimismo, la tradición estratégica china enseña el valor del conocimiento del adversario, la flexibilidad, la adaptabilidad y la disuasión sin confrontación directa. Es un principio que rompe la tendencia occidental a la acción directa como primera respuesta. Por último y fundamental, China conserva una relación pragmática con el poder, donde se valora la meritocracia y la formación como camino al liderazgo. Es curioso porque esta ética del mérito y del esfuerzo contrasta con las lógicas clientelares o populistas que han ganado espacio en algunos regímenes occidentales, especialmente, entre la izquierda.
¿Qué papel cree que jugará China en el equilibrio global en las próximas décadas?
El nombre de China en chino es Zhongguo, que significa ‘Reino del centro’ y creo que esa es su vocación. No sé quién me dijo una vez que los imperios se mueven con el sol. La luz se pone en Estados Unidos, como hace un siglo se puso en Europa, ahogada en sus propios demonios. El eje del mundo se mueve en función de quien sabe leer mejor el signo de los tiempos. Lo hicieron los portugueses y los castellanos en el siglo XV, los holandeses en el XVII, los ingleses en el XVIII y los estadounidenses a finales del XIX. La República Popular de China lleva décadas realizando un capitalismo de Estado que está ganando la partida a occidente con sus propias reglas y sin los condicionamientos ideológicos en materia de política exterior que imponemos desde aquí.
Ahora bien, tal y como le atribuyó Tito Livio a Maharbal sobre Aníbal, no sólo se trata de ganar la partida a nivel mundial sino gestionar la victoria. Está por ver si China está interesada en liderar el orden mundial desde una perspectiva unipolar o está más cómoda interviniendo en un tablero multipolar de una manera quirúrgica que refuerce sus intereses en pleno auge del nacionalismo y el unilateralismo. En ese sentido, China puede ejercer un papel de ‘primus inter pares’ sobre esta especie de progresivo feudalismo cada vez más iliberal y antidemocrático que se está conformando como el factor que decante el control de las distintas regiones del mundo. Sobre todo, ante unas instituciones internacionales que son absolutamente inoperativas por su incapacidad real de imponer acuerdos globales, al actuar de parte en función de las potencias nucleares.
Permítame una última cuestión, al hilo de la actualidad ¿Cree acertada la reciente visita que cursó el presidente español a China, en plena vorágine por los aranceles, y algo que no terminó de gustar ni a EE.UU. ni a todos los aliados en la UE?
La diplomacia china valora las visitas de mandatarios europeos como forma de proyectar una imagen de legitimidad y apertura. Por supuesto, también de poder. La visita de Sánchez se ha instrumentalizado a tres bandas: España, China y Estados Unidos, para ganar fuerza en el juego diplomático. Es lógico que se entienda como un riego de tensión con Estados Unidos y con otros socios europeos esta visita, pero es un ejercicio de ‘realpolitik’ porque China, guste o no, es un interlocutor global legítimo y estratégico y la táctica de la equidistancia entre los dos principales polos hegemónicos del mundo, otorga el poder de no comprometerse con nadie, en revertir quién es el objeto de la seducción en materia diplomática.



