24.5 C
Madrid
miércoles, julio 29, 2026

Sí, pero no: desencuentro entre Alemania y España en torno a Israel

Debe leer

Justo un día antes de su encuentro con Pedro Sánchez, su homólogo alemán, Friedrich Merz, rendía tributo al pueblo judío en la ceremonia de Rosh Hashaná, donde elogió al Consejo Central de Judíos en su 75º aniversario como un “socio irremplazable en la historia de la democracia” y como una fuerza central para la cultura del recuerdo y el resurgimiento de la vida judía en Alemania. Ya sus palabras parecían anticipar las discrepancias horas después, expresadas en público, entre Merz y Sánchez en torno a Israel, empezando por lo que uno, el segundo, entiende que es un genocidio lo que se está ocurriendo en Gaza en tanto que el primero rechaza acreditar este concepto.

La rueda de prensa conjunta entre Pedro Sánchez y el canciller alemán Friedrich Merz, tras la reunión mantenida este jueves en el Palacio de La Moncloa, dejó claro que, aunque ambos dirigentes comparten preocupaciones sobre la situación humanitaria en Gaza y buscan ejercer presión diplomática sobre Israel, existen puntos de fricción importantes. La comparación entre sus posturas refleja diferencias de énfasis, definiciones, tiempos políticos e historia nacional.

Sánchez no ha dudado en usar términos muy fuertes para describir las acciones israelíes en Gaza. Llamó “una estrategia profundamente equivocada” la ofensiva militar, y denunció que atacar “indiscriminadamente” a la población civil no solo es moralmente reprobable, sino contraproducente. Fue más allá, una vez más, al hablar de genocidio.

España aboga por medidas más drásticas: suspensión de acuerdos comerciales con Israel, embargos cuando corresponda, presión internacional para un alto el fuego, y un reconocimiento firme de Palestina como Estado ya existente en la política española. Para justificar su posición, Sánchez invoca experiencias españolas de terrorismo, en alusión a ETA, y ataques terroristas, como el del 11-M, para argumentar que la lucha contra el terrorismo no debe implicar la violencia indiscriminada sobre población civil. Enfatiza que comportamientos así aíslan al Estado que los practica y lo hacen menos seguro.

Por su parte, Merz condenó la ofensiva israelí y calificó de “inaceptable” la situación en Gaza, particularmente el efecto sobre la población civil. Sin embargo, evitó usar expresiones como “genocidio”, y rechazó reconocer el conflicto bajo ese término.

Sánchez considera que lo sucedido en Gaza puede calificarse como un genocidio, o al menos que esa es una interpretación legítima que ya se tiene en ciertos foros internacionales. Merz, mientras tanto, se niega a usar la palabra, argumentando que sería prematuro o políticamente conflictivo, y probablemente le dé más margen político al gobierno alemán.

En cuanto al reconocimiento de Palestina como Estado, se evidencia una brecha clara. Mientras Sánchez ya ha reconocido a Palestina y defiende ese reconocimiento como elemento de la política internacional, Merz afirmó que Alemania no considera que ese reconocimiento sea el momento adecuado, sugiriendo que debería ser “el último paso” de una serie de políticas.

Merz, no obstante, se mostró dispuesto a debatir sanciones, estudiar su viabilidad, y ha anunciado que Alemania debatirá internamente medidas como sanciones a Israel en los próximos días, especialmente a nivel europeo. Pero con reservas, dado el peso de la historia alemana, la relación bilateral, los compromisos internacionales, y los riesgos políticos de definiciones extremas.

¿Por qué estas discrepancias?

Alemania tiene una relación especialmente sensible con el Estado de Israel, dada la historia del Holocausto. Esto sigue influyendo en su política exterior: evita que las críticas se interpreten como antisemitas, se cuida mucho el lenguaje. Esto crea una cautela mayor que la de España, donde la relación es también fuerte, pero sin ese peso histórico tan explícito.

Merz busca mantener un equilibrio dentro de la UE, tratando de coordinar posturas, pero también de no romper consensos. España, liderando desde posturas más críticas, quiere empujar ese consenso hacia sanciones más duras y definiciones más firmes. Las diferencias de estilo y táctica diplomática se reflejan en cómo cada quien ve los plazos, los mecanismos y las alianzas.

En España hay una movilización social en apoyo de Palestina, y una parte importante de la ciudadanía exige acciones firmes. Esto puede generar presión para adoptar discursos más contundentes. En Alemania hay también presión, pero el contexto político, la estructura del poder y las alianzas internacionales funcionan con otra lógica, lo que modera lo que se puede decir sin generar rupturas internas.

Por lo demás, Alemania tiene compromisos militares, diplomáticos y estratégicos con Israel, acuerdos de defensa, comercio, relaciones históricas de cooperación. No siempre es factible adoptar posturas que se perciban como demasiado confrontativas sin evaluar riesgos en otros ámbitos. España, aunque también los tiene, puede moverse con un margen diferente.

En cualquier caso, Sánchez está jugando a las cartas en este asunto y podría ganar visibilidad al alcanzar una postura muy clara y en línea con los sectores más críticos del mundo ante los bombardeos, que valoran definiciones firmes como “genocidio”. Pero también corre el riesgo de aislarse diplomáticamente si no logra respaldo. Merz, al mantener la moderación, apuesta por el consenso, pero puede ser criticado por quienes lo consideren tibio frente a lo humanamente crítico.

 

spot_img

Publicidad

spot_img

Última Hora

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puede consultar nuestra Aviso Legal y Política de Privacidad