En su artículo “Acuerdo comercial entre la UE y EEUU: cuando la lógica económica choca con la geopolítica”, Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano, radiografía con rigor y sentido crítico el último acuerdo comercial alcanzado entre la Unión Europea y Estados Unidos. Steinberg analiza cómo las tensiones entre las dos grandes potencias se han resuelto, en apariencia, a través de una cesión asimétrica de Bruselas ante la presión arancelaria y política de Washington, en un contexto de declive del multilateralismo y renovada competencia global.
El núcleo del acuerdo consiste en que EEUU aplicará a las exportaciones europeas un arancel general del 15%, muy superior al 4,8% anterior y con excepciones negativas —como el 50% para productos de acero y aluminio— mientras la UE decide no responder con aranceles adicionales y mantiene sus aduanas abiertas a los productos estadounidenses.
“La UE ha hecho lo que dicen los manuales de economía: no responder con aranceles ante la imposición de aranceles estadounidenses”, explica Steinberg, destacando que, en términos estrictamente económicos, responder elevando los aranceles propios sería “pegarse un tiro en el pie”, elevando precios y reduciendo el bienestar de los consumidores europeos.
Sin embargo, sostiene Steinberg, este razonamiento pierde fuerza cuando se analiza el caso desde la óptica geopolítica. La UE “se ha mostrado débil” al renunciar a contraatacar o incluso a activar sus propios mecanismos anti-coacción. No ha liderado una respuesta conjunta con otros socios globales y, en su lugar, ha aceptado otros compromisos como la inversión de 500.000 millones de dólares en EEUU, la compra de 750.000 millones en gas natural estadounidense en tres años y la adquisición de grandes cantidades de armamento a empresas estadounidenses.
“Desde el punto de vista geopolítico la UE sale mal parada”, subraya el autor, que lo interpreta como parte de una serie de señales que ahondan la percepción de “vasallaje” de Europa en relación con Estados Unidos, latente también en la reciente cumbre de la OTAN, en la que los europeos aceptaron aumentar su gasto en defensa, en paralelo a nuevas compras de armamento a EE.UU.
Steinberg alerta de que, lejos de cerrar una etapa de tensión comercial, el acuerdo probablemente alimente nuevas demandas de la Administración Trump, legitimando la lógica de que “cuando un abusón de patio de colegio consigue algo sin que se le ofrezca resistencia, suele volver a por más”. Advierte así que los europeos corren el riesgo de que, en otoño, la Casa Blanca encuentre nuevas excusas para aranceles incluso mayores en sectores estratégicos como el farmacéutico o los semiconductores.
El lado económico del pacto tampoco es halagüeño para Europa, aunque Steinberg matiza que no es un “desastre absoluto”. Un arancel del 15% dañará sobre todo a los grandes exportadores europeos como Alemania, Italia y parte del norte del continente, pero también a sectores españoles como el automóvil o el aceite de oliva.
Sin embargo, la no respuesta europea puede mitigar el impacto sobre el IPC y facilitar que el Banco Central Europeo relaje su política monetaria, compensando parte de la pérdida de competitividad europea con una mayor flexibilidad cambiante. Además, explica Steinberg, “es dudoso” que los elevados compromisos europeos de compra de gas e inversión en EEUU se cumplan, por la imposibilidad de la Comisión Europea y de los Estados miembros de dictar a las multinacionales dónde invertir o cuánto importa de acuerdo a intereses políticos.
Para el autor, el verdadero “respiro” otorgado por el acuerdo es una tregua táctica: “La negociación comercial entre la UE y EEUU obligaba a Bruselas a elegir entre lo malo y lo peor. Este acuerdo dará un respiro transitorio a la tensión comercial que las capitales europeas deben aprovechar para dar pasos decididos hacia una autonomía estratégica real, sobre todo en el campo de la defensa”.
Steinberg concluye que la única vía para salir del actual marasmo pasa por una política industrial europea más ambiciosa, el reforzamiento del mercado interior y una mayor integración fiscal y presupuestaria, acompañada de nuevos acuerdos comerciales que refuercen la autonomía del continente.
En definitiva, el artículo de Steinberg denuncia que la UE se enfrenta al choque entre la lógica económica —que invita a evitar represalias proteccionistas— y la lógica geopolítica, que exige firmeza y autonomía ante la presión de grandes potencias. Solo un salto cualitativo hacia la soberanía industrial, energética, tecnológica y militar podrá alejar el fantasma del vasallaje e iniciar una nueva etapa de protagonismo europeo en la escena internacional.



