El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, uno de los principales hubs de España y uno de los mayores puntos de entrada aérea a Europa, con un tráfico de pasajeros que alcanza decenas de millones al año, se enfrenta desde este domingo a una huelga de vigilantes de seguridad que está generando serios problemas en los controles de acceso, con demoras y hasta pérdida de vuelos por parte de pasajeros.
El detonante más reciente de la huelga ha sido el fracaso de las negociaciones entre los vigilantes de seguridad que trabajan bajo la empresa Trablisa y la propia empresa, en torno a mejoras salariales y condiciones laborales.
Entre los principales puntos de conflicto están el salario, que los trabajadores consideran insuficiente, sobre todo cuando comparan con los costes de vida actuales y con lo que ganaban sus compañeros hace décadas. Por ejemplo, afirman que hace 25 años, un vigilante de seguridad del aeropuerto cobraba 800 euros más que ahora.
También vindican la responsabilidad que tienen, que incluye aspectos de seguridad, infraestructura crítica, control de riesgos, pero sin reconocimiento de ciertas condiciones como pluses correspondientes al nivel de peligrosidad, especialización, idiomas, etc., y el hecho de que, en materia de complementos y pluses, estos se han perdido o reducido con los años, como pluses de transporte, vestuario, antigüedad, pluses específicos para funciones especiales (explosivos, idiomas) y la necesidad de reconocer la figura del vigilante aeroportuario como una especialidad con ciertas responsabilidades formales.
También denuncian exceso de carga de trabajo, turnos difíciles, problemas de conciliación familiar, y condiciones de descanso dentro de la jornada que no se ajustan a lo que ellos entienden como lo mínimo exigible.
La huelga arrancó este domingo, de modo indefinido, por los vigilantes de seguridad en los filtros de pasajeros gestionados por Trablisa. Los servicios mínimos fijados por la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid han sido del 100%, lo que ha generado una gran polémica entre los trabajadores, quienes consideran que esto anula prácticamente el efecto de la huelga.
Impacto sobre los pasajeros y operativa del aeropuerto
Las primeras horas del paro trajeron consecuencias inmediatas, con largas colas en los controles de seguridad, tanto en accesos normales como en los servicios de fast-track. En algunos momentos, se reportaron demoras de hasta 90 minutos para pasar los filtros. Estas esperas afectaron terminales como la T4 especialmente, pero también otras terminales se vieron colapsadas según la hora del día. Algunos pasajeros perdieron vuelos debido a la llegada tarde al embarque, consecuencia de estar más de lo esperado en los controles.
Aena, la entidad gestora del aeropuerto, ha lanzado mensajes de disculpa por las molestias y ha desplegado personal auxiliar para tratar de canalizar flujos de personas, especialmente en zonas como los accesos al metro de las terminales T1-T2, con intención de descongestionar los filtros. Con el paso de las horas la situación fue mejorando parcialmente: los tiempos de espera en la T4 bajaron, y en otras terminales se redujeron también. Este lunes se esperan incidencias también.
La empresa Trablisa argumenta que la huelga tiene “defectos formales y materiales” que la hacen “ilegal y abusiva”, al tiempo que manifiestan que ya se han aplicado incrementos salariales recientes (hasta el 16 % hasta 2026, según algunas versiones) y que la protesta es desproporcionada, porque sostienen que están cumpliendo con los acuerdos existentes. Reclaman, así mismo, que no se pretenda modificar lo que ya está pactado en convenios estatales o acuerdos previos.
No es la primera vez que este tipo de huelgas se producen en Barajas. En 2019, los trabajadores de seguridad en filtros ya protagonizaron huelgas indefinidas con colas de hasta hora y media, denuncias de irregularidades, quejas similares sobre pluses, condiciones de contratos, etc.



