“Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto”. De este modo confirmaba la noche de este sábado Donald Trump su fallecimiento en el ataque militar perpetrado por Estados Unidos e Israel contra Irán.
En su mensaje difundido en la red social Truth, Trump agregaba que lo sucedido “no solo es justicia para el pueblo iraní, sino para todos los grandes estadounidenses y las personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios”.
Detalló el presidente estadounidense que Jamenei “no pudo evadir nuestra inteligencia ni nuestros sofisticados sistemas de rastreo, y en estrecha colaboración con Israel, ni él ni los demás líderes que murieron junto con él pudieron hacer nada”.
En este sentido, Trump advirtió que “esta es la mayor oportunidad para que el pueblo iraní recupere su país. Escuchamos que muchos de sus CGRI, militares y otras fuerzas de seguridad y policía ya no quieren luchar y buscan inmunidad. Como dije anoche: ‘¡Ahora pueden tener inmunidad, luego solo obtendrán la muerte!’”.
Agregó Trump en su mensaje público su confianza en que el CGRI y la policía iraní “se unan pacíficamente con los patriotas iraníes y trabajen juntos para devolver al país la grandeza que merece. Ese proceso debería comenzar pronto, ya que, en un solo día, no solo la muerte de Jamenei, sino también el país, han quedado profundamente destruidos, incluso aniquilados”.
Dicho esto, avisó que “los intensos y precisos bombardeos continuarán ininterrumpidamente durante toda la semana o mientras sea necesario para lograr nuestro objetivo de PAZ EN ORIENTE MEDIO Y, DE HECHO, EN EL MUNDO (sic)”.
Uno de los dictadores más longevos del mundo
El ayatolá Alí Jamenei fue desde 1989, hasta su muerte confirmada este sábado, la máxima autoridad política y religiosa de la Irán. Su figura concentraba un poder singular dentro del sistema instaurado tras la Revolución Islámica de 1979: como Líder Supremo, estaba por encima del presidente y del Parlamento, controlaba las Fuerzas Armadas, supervisaba el Poder Judicial y tenía la última palabra en los grandes asuntos estratégicos del Estado. Su prolongado mandato, superior a tres décadas, lo ha convertido en uno de los dirigentes con más tiempo en el poder en el escenario internacional contemporáneo.
Nacido en 1939 en Mashhad, en el seno de una familia clerical de origen modesto, Jamenei se formó en los seminarios chiíes de Qom y Mashhad, donde entró en contacto con el pensamiento del ayatolá Ruhollah Jomeini, líder de la revolución que derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi.
Durante la década de 1960 y 1970 participó en actividades opositoras contra la monarquía, fue detenido en varias ocasiones por la policía política del régimen y se consolidó como un religioso comprometido con la causa revolucionaria. La caída del sha en 1979 abrió paso a la instauración de la República Islámica, un sistema político basado en el principio del “velayat-e faqih” o tutela del jurista islámico, que otorga a un líder religioso la máxima autoridad sobre el Estado.

Tras la revolución, Jamenei ocupó distintos cargos de responsabilidad. Fue miembro del Consejo de la Revolución, representante del ayatolá Jomeini en el Ministerio de Defensa y, posteriormente, presidente de la República entre 1981 y 1989, en plena guerra entre Irán e Irak. Durante ese conflicto, que marcó a toda una generación de dirigentes iraníes, consolidó su perfil como político pragmático dentro de un sistema ideológicamente rígido. Un atentado en 1981 le dejó secuelas permanentes en el brazo derecho, un episodio que reforzó su imagen de dirigente resistente y sacrificado dentro del relato oficial del régimen.
La muerte de Jomeini en 1989 abrió una etapa decisiva. En una sesión extraordinaria, la Asamblea de Expertos designó a Jamenei como nuevo Líder Supremo, pese a que en ese momento no ostentaba el rango clerical más alto dentro del chiismo duodecimano. Con el paso de los años, su autoridad se consolidó tanto en el ámbito religioso como en el político, apoyada por una red de instituciones clave: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el Consejo de Guardianes —que supervisa elecciones y leyes— y un entramado de fundaciones religiosas y económicas que gestionan importantes recursos.
Bajo su liderazgo, Irán ha mantenido una política exterior marcada por la confrontación estratégica con Estados Unidos e Israel, así como por el apoyo a aliados regionales en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Jamenei ha defendido la idea de la “resistencia” frente a lo que considera injerencias occidentales y ha impulsado una doctrina de autosuficiencia económica y tecnológica, especialmente tras la imposición de sanciones internacionales vinculadas al programa nuclear iraní. Aunque formalmente los presidentes iraníes, desde reformistas hasta conservadores, gestionan el día a día del Ejecutivo, las grandes líneas en materia de seguridad, defensa y política exterior dependían de su aprobación.
En el plano interno, su figura ha estado en el centro de tensiones recurrentes. Las protestas de 2009 tras las elecciones presidenciales, las movilizaciones económicas de 2017 y 2019, y las manifestaciones masivas desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022 pusieron a prueba la estabilidad del sistema. Las manifestaciones más recientes tuvieron lugar este año y causaron indiscriminadamente miles de muertos y decenas de miles de personas detenidas. Probablemente, esta última represión haya sido el detonante final que buscaba Estados Unidos para enfrentar lo que finalmente ha ocurrido.
Jamenei respaldó en cada ocasión la respuesta de las fuerzas de seguridad y defendió la necesidad de preservar el orden frente a lo que describió como intentos de desestabilización. Sus críticos, dentro y fuera del país, lo señalan como el máximo responsable de la represión y de las restricciones a las libertades políticas y sociales; sus partidarios lo presentaban como garante de la soberanía nacional frente a presiones externas.
La estructura institucional iraní hace que la figura del Líder Supremo trascienda la lógica electoral. Jamenei no se somete al voto popular directo; su legitimidad proviene de la Asamblea de Expertos, cuyos miembros sí son elegidos en las urnas pero bajo un sistema de supervisión que filtra candidaturas. Esta arquitectura política ha permitido una continuidad estratégica notable en la República Islámica, incluso cuando el país ha atravesado cambios de gobierno y orientaciones económicas diversas.
En el ámbito ideológico, Jamenei ha desarrollado un discurso que combina referencias religiosas chiíes con conceptos de justicia social, independencia económica y resistencia cultural frente a Occidente. Ha promovido la expansión de universidades, centros de investigación y proyectos científicos, insistiendo en la necesidad de avanzar en áreas como la energía nuclear, la medicina y la industria militar. Al mismo tiempo, su liderazgo ha estado marcado por una visión conservadora en cuestiones sociales, defendiendo normas estrictas en materia de vestimenta, moral pública y estructura familiar.
La cuestión de la sucesión ocupa un lugar central en el debate político iraní. Aunque el sistema prevé que la Asamblea de Expertos designe a un nuevo líder, las dinámicas internas del poder —incluido el peso de la Guardia Revolucionaria y de las élites religiosas— hacen que el proceso sea objeto de intensa especulación. El futuro de la República Islámica, su relación con Occidente y su papel en Oriente Medio dependerán en buena medida de cómo se gestione esa transición.
La figura de Alí Jamenei encarnaba, en definitiva, la continuidad del proyecto nacido en 1979. Para unos, es el símbolo de la resistencia iraní frente a las presiones externas y el guardián de una identidad política propia; para otros, representaba la rigidez de un sistema que limita la pluralidad y las libertades. En cualquier caso, su influencia ha marcado de manera decisiva la historia contemporánea de Irán y ha sido un factor determinante en la geopolítica regional.




Queda la guardia revolucionaria pero creo que USA e Israel van a proporcionar suficiente ayuda al pueblo de Irán para que tomen el control y se hagan dueños de su destino.
Un duro terrorista que desconoce los derechos humanos. Sólo los divinos, y los administraba él.