Israel nunca ha confirmado ni desmentido oficialmente la posesión de armas nucleares, manteniendo una política de «ambigüedad estratégica» o «opacidad nuclear». Sin embargo, se cree ampliamente que el país sí tiene un arsenal nuclear desde finales de la década de 1960. La falta de una declaración oficial y la no adhesión de Israel al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) han permitido que evite inspecciones internacionales y sanciones.
Entre las razones por las que Israel no reconoce tener armas nucleares se encuentra en primer lugar la disuasión sin provocación. La ambigüedad estratégica permite a Israel disuadir a sus enemigos sin provocar una carrera armamentística nuclear en Oriente Medio o justificar la proliferación en otros países como Irán o Arabia Saudita.
También se evitan de este modo sanciones internacionales. Si Israel reconociera oficialmente su arsenal nuclear, podría enfrentarse a sanciones internacionales, especialmente de la ONU, que ha intentado establecer una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio.
Todo el mundo sabe que Estados Unidos apoya a Israel militar y diplomáticamente, pero tiene una política oficial de no promover la proliferación nuclear. Reconocer la existencia de armas nucleares podría complicar esta relación y afectar la ayuda militar estadounidense.
Luego hay que tener en cuenta los que los expertos entienden como equilibrio regional, algo así como que uno no tenga mucho de más que otro, aunque las realidades son las que son. Oriente Medio es una región altamente inestable. Si Israel confirmara tener armas nucleares, sus rivales, como Irán o Arabia Saudita, podrían acelerar sus propios programas nucleares.
¿Tiene o no armas nucleares? Lo que se sabe… o presupone
Se cree que Israel desarrolló armas nucleares en las décadas de 1950 y 1960 con apoyo técnico de Francia. El ex técnico nuclear israelí Mordejái Vanunu reveló en 1986 al periódico británico The Sunday Times información sobre el programa nuclear israelí en la planta de Dimona.
Estimaciones actuales sugieren que Israel posee entre 80 y 400 cabezas nucleares, aunque no se han realizado pruebas nucleares oficiales, según diversas fuentes como el Instituto de Estudios Internacionales de Estocolmo (SIPRI) y la Federación de Científicos Americanos (FAS). En 1979, un posible ensayo nuclear conjunto entre Israel y Sudáfrica fue detectado por un satélite estadounidense en el Océano Índico (Incidente Vela).
Israel probablemente posee armas nucleares, pero mantiene una política de ambigüedad estratégica para evitar conflictos diplomáticos y mantener la estabilidad regional bajo sus propios términos. Esta estrategia le ha permitido beneficiarse de la disuasión nuclear sin asumir las consecuencias políticas y económicas de un reconocimiento oficial.
Llegado a este punto, tampoco hay pruebas oficiales ni confirmación de que Israel posea una bomba de hidrógeno (termonuclear), aunque algunos expertos creen que podría tener la capacidad de desarrollarla. Dado que Israel mantiene su política de «ambigüedad nuclear», la información sobre su arsenal es especulativa y basada en filtraciones y análisis externos.
Pero ¿Israel podría tener la bomba de hidrógeno?
Tecnológicamente es posible. Dado que Israel tiene conocimientos avanzados en armas nucleares, misiles balísticos y cooperación con potencias como EE.UU. y Francia, es posible que tenga la capacidad de desarrollar una bomba termonuclear. Eso sí, nunca ha habido evidencia concluyente de una prueba termonuclear israelí, lo cual sería clave para confirmar su existencia.
En cualquier caso, Israel ya posee una disuasión nuclear fuerte, por lo que el desarrollo de una bomba de hidrógeno podría no ser prioritario o necesario en su estrategia militar.
Los vecinos de Israel
En el entorno de Israel, ningún país ha confirmado oficialmente poseer armas nucleares. Sin embargo, hay sospechas y programas en desarrollo que podrían cambiar el equilibrio de poder en la región. Es el caso paradigmático de Irán (Programa en desarrollo)
A día de hoy, por lo que se sabe, no tiene armas nucleares oficialmente, pero ha avanzado en el enriquecimiento de uranio. Su programa nuclear ha sido objeto de sanciones y acuerdos como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), aunque ha seguido desarrollando tecnología que podría llevarlo a fabricar una bomba. Algunos informes sugieren que, si decide hacerlo, Irán podría desarrollar un arma nuclear en menos de un año.
Como es de sobra conocido, Israel y EE.UU. han realizado sabotajes (como el ataque al sitio nuclear de Natanz) y asesinatos de científicos nucleares para frenar su progreso.
En cuanto a Arabia Saudita, hoy no tiene armas nucleares, pero ha expresado su interés en adquirirlas si Irán lo hace. Para ello ha recibido apoyo de Pakistán en tecnología nuclear, y hay rumores de que podría obtener armas nucleares de este país en caso de necesidad. Este país también tiene acuerdos con EE.UU. y China para desarrollar reactores nucleares, lo que genera sospechas sobre sus intenciones a largo plazo.
El tercer vecino es Egipto, históricamente interesado, pero sin armas nucleares, aunque exploró la posibilidad en el pasado. Eso sí, es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y ha impulsado iniciativas para una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Tiene programas de energía nuclear, pero no hay indicios de que busque un arma nuclear en el corto plazo.
Turquía es miembro de la OTAN, con acceso a armas nucleares de EE.UU., pero cabe pensar que no supone un riesgo para la región. No tiene armas nucleares propias, pero alberga armas nucleares estadounidenses en la base de Incirlik bajo el programa de disuasión nuclear de la OTAN. Aún así, el presidente Erdogan ha insinuado que Turquía debería tener armas nucleares para defenderse.
Por último, Pakistán, país aliado de algunos países de la región y con arsenal nuclear confirmado. Ha sido un aliado cercano de Arabia Saudita y algunos especulan que, en caso de necesidad, podría proporcionar tecnología o armas nucleares a Riad. La situación sigue siendo tensa, y cualquier cambio en el programa nuclear de Irán o Arabia Saudita podría alterar el equilibrio estratégico en Oriente Medio.



