28.5 C
Madrid
martes, julio 28, 2026

Trump y Xi Jinping se dan un respiro de un año

Debe leer

Este jueves, los presidentes de los Estados Unidos y China se reunieron en la ciudad de Busan (Corea del Sur), concretamente en la base aérea de Gimhae Air Base, en el marco de la cumbre del Asia‑Pacific Economic Cooperation (APEC), para su primer encuentro en persona desde que Trump asumió su segundo mandato y tras meses de creciente tensión comercial y geopolítica entre ambos países.

La cita se produjo en un contexto de fuertes fricciones bilaterales: aranceles elevados, controles a la exportación de minerales críticos (tierras raras), acusaciones mutuas de prácticas comerciales desleales y una presión constante en el ámbito tecnológico y estratégico.

La duración real del diálogo fue de alrededor de una hora y cuarenta y cinco minutos, más de lo inicialmente previsto, lo que subraya la voluntad de ambos bandos de al menos intentar una desescalada.

¿Qué es lo que se acordó? El encuentro produjo una serie de compromisos, más bien de carácter de marco que de tratado detallado, que intentan reducir las tensiones en lo comercial y lo diplomático, aunque muchos asuntos de fondo permanecen abiertos.

Trump informó que EE.UU. acordó reducir los aranceles sobre mercancías chinas de un promedio del 57 % al 47 %. En concreto, bajó del 20 % al 10 % un arancel ligado al comercio de precursores de fentanilo —una pieza clave en la negociación, ya que EE.UU. le exige a China frenar el flujo de esos compuestos.  A cambio, China se comprometió a reanudar las compras de soja estadounidense, una concesión importante hacia la agricultura norteamericana.

Tierras raras y cadenas de suministro

Uno de los puntos más tensos era el control chino de las exportaciones de minerales críticos (tierras raras). China acordó aplazar por un año la implementación de nuevas restricciones sobre esas exportaciones. EE.UU., por su parte, acordó suspender durante el mismo período la expansión de su lista negra de entidades y filiales chinas sujetas a controles de exportación.

Por otra parte, China aceptó “trabajar muy duro” para detener el flujo de fentanilo y sus precursores hacia EE.UU., un tema de gran sensibilidad interna para Washington. Ambos líderes discutieron temas más amplios de cooperación, incluidos la inteligencia artificial, los flujos migratorios y las enfermedades infecciosas, si bien sin detallar un plan concreto.

Trump anunció que visitará China en abril del próximo año, y se espera que Xi responda con una visita a EE.UU., como parte del marco de “renegociación anual” que el presidente estadounidense planteó. El propio Trump dijo que el acuerdo tendría que renovarse cada año, lo que lo convierte más en una tregua temporal que en un tratado de largo plazo.

Podría decirse que lo alcanzado es más parecido a una tregua que a una solución definitiva a los conflictos estructurales entre ambas superpotencias. Desde la perspectiva estadounidense, la rebaja arancelaria y el aplazamiento de restricciones hacía pensar que Washington ha decidido moderar su enfoque confrontativo para evitar que la tensión excesiva lesione también su economía y reputación global.

No obstante, quedan importantes interrogantes y retos: Muchos aranceles y barreras siguen vigentes; la reducción anunciada, aunque relevante, no deshace totalmente las tensiones. Las disputas tecnológicas, sobre semiconductores, inteligencia artificial, la cadena de suministro global y la soberanía tecnológica china continúan sin resolverse.

El hecho de que el acuerdo tenga un horizonte de un año y deba “renegociarse” cada ejercicio genera incertidumbre y deja abierta la posibilidad de reversión.

Implicaciones para España y Europa

Aunque el acuerdo es bilateral entre Estados Unidos y China, sus efectos pueden sentirse también en Europa y en España, por varios motivos. En primer lugar, la estabilización de la guerra comercial contribuye a cierta calma en los mercados globales, beneficiando a países exportadores e importadores.

El aplazamiento de restricciones sobre tierras raras y minerales puede aliviar presiones sobre cadenas de suministro tecnológicas en Europa, que dependen en parte de China. El compromiso chino de retomar compras agrícolas estadounidenses quizá reduzca la competencia por productos del sector agroalimentario, aunque no necesariamente beneficie directamente al mercado europeo.

Sin embargo, la dependencia europea de China y de EE.UU. en tecnología estratégica —y Madrid incluido— sigue siendo un punto de vulnerabilidad en un entorno de “doble contención” norteamericana-china que Europa deberá manejar con diplomacia cuidadosa.

En todo caso, la reunión entre Trump y Xi Jinping constituye un giro significativo, al menos momentáneo, en la encrucijada de las relaciones entre las dos principales economías del mundo. Si bien no representa una reconciliación completa ni una solución definitiva a todas las fricciones, sí marca una pausa táctica, un intento por gestionar el conflicto en lugar de dejarlo escalar sin control.

La clave estará en cómo ambas partes gestionan esta tregua en los próximos meses: qué medidas concretas se adopten, si los compromisos se cumplen, y si se avanza hacia una relación más estable o simplemente se retrasa lo inevitable. En ese sentido, lo logrado en Busan podría ser el inicio de un nuevo capítulo… o solo un respiro momentáneo.

spot_img

Publicidad

spot_img

Última Hora

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puede consultar nuestra Aviso Legal y Política de Privacidad