Daniel Lacalle Fernández es un economista y gestor de fondos de inversión español. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid, posee el título de Analista Financiero Internacional (CIIA), un posgrado por el IESE Business School de la Universidad de Navarra y un máster en Investigación Económica por la Universidad Católica de Valencia.
Inició su carrera profesional en 1991 en Repsol, donde trabajó durante once años y ocupó el cargo de responsable de relaciones internacionales y gerente de exportaciones. Posteriormente, trabajó en Enagás y ABN AMRO, especializándose en energía y petróleo. En 2005, se incorporó al fondo de cobertura Citadel y, en 2007, a Ecofin Limited. Entre 2014 y 2015, fue vicepresidente senior en PIMCO, una de las mayores gestoras de activos de renta fija a nivel mundial.
Además de su labor como gestor de inversiones, Lacalle es autor de varios libros de divulgación económica, entre los que destacan: Nosotros, los mercados (2013), Viaje a la libertad económica (2013), La madre de todas las batallas (2014), Hablando se entiende la gente (2015), Acabemos con el paro (2015), La Pizarra de Daniel Lacalle (2016) o Libertad o igualdad (2020). Ha colaborado como columnista en medios como El Confidencial y El Mundo, y ha participado en programas de televisión como La Sexta Noche. En el ámbito académico, ha sido profesor en el Instituto de Empresa (IE Business School) y en el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). En 2019, fue incluido como número 4 en la lista del Partido Popular por Madrid para las elecciones generales de abril, resultando elegido diputado. Sin embargo, renunció a recoger el acta y, por tanto, a su escaño, tras una meditada consideración. Actualmente, reside entre Londres y Madrid, está casado y tiene tres hijos.
Analizamos la actualidad económica de su mano por medio de esta entrevista concedida a Delta13News.
Hoy las nuevas tecnologías y la economía son un todo, como en todos los ámbitos, ¿verdad?
Claro, la tecnología es como el aire o como el agua. Ignorarlo es una locura. Y estamos viviendo en una revolución tecnológica constante que las empresas no deben considerar como una especie de carrera con una meta, sino como una carrera de fondo en la que siempre vas a tener que estar avanzando y desarrollando. La tecnología que antes considerábamos frontera ahora está obsoleta y está cambiando cada día y tenemos que aprovecharlo porque está generando grandísimas oportunidades para las empresas de todo el mundo. Y, desafortunadamente, en España las empresas están muy poco tecnologizadas, tienen muy poco nivel de lo que aquí se llama digitalización, aunque a mí me sienta fatal ese concepto. Porque no es eso, sino la utilización de la tecnología para alcanzar tus objetivos tanto empresariales como de satisfacción de cliente y de conocimiento de tu cliente.
¿Qué parte de responsabilidad pueden tener las administraciones en que eso sea así o es una falta de confianza personal de los empresarios? Hay quien ya piensa que el Excel se ha quedado en la antigüedad analógica.
Claro, lo es, totalmente. Es que muchas veces la gente piensa que, si yo tengo ordenador, tengo internet y tengo como dices tu Excel, pues ya está. Y no se dan cuenta de las gigantescas oportunidades que ofrece la tecnología para acceder a clientes, para segmentar, para conocer las necesidades de cada mercado, para gestionar el capital circulante, que es el factor que hace que más empresas de España caigan. Yo creo que no tiene tanto que ver con las administraciones, sino con una mentalidad bastante histórica, española, francesa, italiana, etc., en la que se suele ir con una desconfianza con respecto a la tecnología. ¿En qué me va a ayudar a mí esto? Por ejemplo, si tengo un pequeño negocio, ¿para qué voy a tener que hacer esto? Y luego, mucho más tarde, te das cuenta de que todo eso te genera una enorme cantidad de oportunidades. Yo creo que tenemos que tener una mentalidad más coreana y menos europea.
A propósito de la guerra de Ucrania, la industria de defensa se está convirtiendo en un referente económico y España se ha subido al carro. La OTAN nos pide subir del 2 al 3% del PIB el gasto en defensa. La industria de defensa sigue siendo antipática para una gran parte de la sociedad, pero puede mover la economía en un sentido positivo ¿no es así?
No entender que invertir en defensa es invertir en sostenibilidad, en bienestar, en tecnología y en todo lo que nos genera mayor valor añadido, es un grandísimo problema europeo. Todos los países líderes, desde Israel a Corea, desde Japón a China, desde Estados Unidos, entienden que la inversión en defensa es de las poquísimas inversiones públicas que tiene un retorno muchísimo mayor en cuanto a multiplicador que lo que gastas. Por razones más ideológicas y culturales, en Europa no nos estamos dando cuenta de que la decisión de siempre recortar en defensa y gastar en subvenciones, nos está dejando muy por detrás en tecnología, en energía, en bienestar y en valor añadido.
Por lo tanto, me parece muy frustrante como economista viajar por Europa y observar que no cale el mensaje de que la inversión en defensa tiene que ser el pilar fundamental del estado de bienestar, no la de sanidad y de educación, que también, pero el pilar fundamental es la inversión en defensa, porque a lo que de verdad tiene que dedicarse el estado es a la seguridad, y la seguridad. Nosotros damos la seguridad por garantizada, y, por tanto, nos preguntamos: ¿por qué vamos a invertir en defensa si a nosotros no nos va a invadir nadie? Es una forma de pensar completamente ridícula, que a nadie se le ocurriría con su vehículo, a nadie se le ocurriría decir ¿por qué voy a tener un seguro si no voy a tener un accidente? A nadie se le ocurre eso. Sin embargo, en el caso de la defensa, en toda Europa hay una percepción equivocada, y a mí lo que me gusta siempre recordarle a la gente es que cuando se gasta un euro en defensa, el retorno para la economía es de 3 a 4 euros. No existe ningún otro sector, aparte de encontrar petróleo, poco más, no existe ningún otro sector en la economía que genere tal efecto multiplicador.
Con las nuevas tecnologías llegan a la economía, pero también ha llegado el hacker, el malo, que puede poner en riesgo lo que conocemos como infraestructuras críticas. ¿Cómo combatir eso? La policía reconoce que el malo siempre va por delante y que intentan hacer lo posible por paliar los daños, pero que es inevitable, el hacker siempre es mejor que el bueno.
Bueno, lo primero que tenemos que entender nosotros es que hay hackers buenos y hackers malos, así que tengamos hackers buenos. Uno de los grandes problemas es que, muchas veces, decimos que hay que ver qué peligro hay para las infraestructuras críticas por parte de aquellas personas que, con intenciones de sabotaje o terrorismo, o lo que sea, están atacando a estas infraestructuras vía informática. Pues ten hackers positivos, que los hay. Como tú bien sabes, como experto en defensa, hay un montón de personas, por ejemplo, en los países nórdicos, que se dedican a hacer hacking positivo. Por lo tanto, lo que no podemos hacer es ponerle puertas al campo, o sea, nosotros lo que no podemos decir es,¡ ah, vamos a eliminar la tecnología, no vaya a ser que haya hackers! No. Lo que tienes que hacer es la tecnología más segura.
Con todas las ventajas, con todos los desarrollos tecnológicos, siempre hay dos factores en que puede haber riesgo, que son el de la privacidad y el de la seguridad. Pero ¿cómo se combate eso?, pues con mucha más libertad empresarial y con muchas más empresas tecnológicas punteras. Es verdad que te pueden hackear, pero te enteras en una hora de que te han hackeado en vez de una semana después.
La economía está cambiando. Las energías renovables ya están aquí. Adiós al carbón, a la siderurgia, a las grandes industrias pesadas que movían en generaciones anteriores la economía. Pero quizá estamos haciendo una transición demasiado precipitada. La prueba está en los coches eléctricos. Ya están algunos países dando marcha atrás, evidenciando que el petróleo podría tener más vida de la que se cree. ¿Estamos precipitándonos con el cambio de paradigma en este ámbito?
Es que tener objetivos está muy bien, pero la planificación no funciona. Una cosa es tener una estrategia, que está muy bien; una estrategia es adaptarte a la realidad y llevar a cabo un proyecto con un objetivo adaptándote a la realidad. La planificación central siempre fracasa. Fíjate, con la locura de decir que se van a acabar los coches de combustible fósil en el año 2035 nos hemos cargado la industria del automóvil en Europa. Es una locura. Con la locura de que todo tienen que ser coches eléctricos, le hemos regalado el futuro de la automoción a China y le hemos puesto la alfombra roja porque nosotros no tenemos capacidad de competir ni en tierras raras, ni en coste, ni en tecnología, ni en patentes.
Las revoluciones tecnológicas no son hojas de PowerPoint, las revoluciones tecnológicas son acordeones y tenemos que ser conscientes de que los cambios, como se aceleran, es con mayor competencia, mayor innovación y mayor tecnología, no con decisiones burocráticas. Las decisiones burocráticas lo que han hecho ha sido, en realidad, frenarlo, porque resulta que con la decisión de eliminar las centrales nucleares Alemania consume ahora más carbón que nunca.
La tecnología del coche eléctrico llegará a niveles espectaculares, seguro, pero hay que dejar que las baterías sean más eficientes, hay que dejar que ocurra lo que ha ocurrido con el teléfono. Mi primer teléfono móvil tenía como 40 centímetros y la batería era una maleta. Si eso se hace por planificación central, hoy este teléfono con el que estás grabando la entrevista sería exactamente igual. Lo que tenemos que dejar es que la tecnología avance a medida que los consumidores lo van demandando y te garantizo que hoy tendríamos vehículos eléctricos más eficientes, con baterías que duran más y con mayores capacidades si no se hubiese llevado a cabo una planificación central equivocada. Es un error, es un error de toda la vida. La planificación central siempre hace daño a lo que intenta proteger.
Por cierto, cuando dice Trump que es sólo por razones económicas el querer adquirir Groenlandia o el Canal de Panamá, a un economista ¿qué le parece esto?
Cuando él alega que esto es por razones económicas, en el fondo está planteando posibles conflictos. ¿Panamá puede sentirse amedrentado, su gobierno, con una invasión militar? Ya ocurrió. ¿Groenlandia puede pensar en una invasión militar? No. Pero Panamá, y no podemos olvidarlo, es un Estado, con todos mis respetos, subvencionado por Estados Unidos en tanto que Groenlandia es un desastre gestionado por Dinamarca, además de que tiene derecho a la autodeterminación. Lo que ha hecho Donald Trump ha sido abrir un melón que es un secreto a voces. Cualquier persona que conozca el tema de Groenlandia, vosotros seguro que sí, sabe que la gestión de los daneses ha sido una auténtica aberración. Un desastre total. Lo que ha hecho Donald Trump ha sido simplemente lo que hace siempre Donald Trump, que es mover la ficha de dominó. Ha sido poner en evidencia que la gestión de Dinamarca, de Groenlandia, ha sido un desastre, y dar a entender que Estados Unidos lo gestionaría muchísimo mejor. Y como Groenlandia tiene derecho a la autodeterminación, puede perfectamente decir en una votación: fuera Dinamarca y a favor de Estados Unidos, o ser un Estado libre e independiente, lo que sea. Panamá, lo mismo.
Pero Panamá viene y dice que no, que es una afrenta a nuestra soberanía. ¿Qué soberanía? Con todos mis respetos. ¿Qué soberanía? Porque yo quiero saber cuál es la soberanía de Panamá. Panamá probablemente estaría muchísimo mejor gestionado también y tendría muchísimos menos problemas si fuese un Estado libre asociado como Puerto Rico. A partir de ahí, otros dirán, pues no, y otros dirán, pues sí. Pero por lo menos, a mí lo que sí me gusta es que se abra el debate de cosas que todo el mundo que lo conoce sabe y que parecía como que eran tabúes.
¿Es China un peligro? Su modelo mixto de política cero, pero economía libre parece que funciona.
Lo primero: no ha funcionado. China tiene la mayor burbuja inmobiliaria de la historia de la humanidad y tiene un problema gigantesco de sobrecapacidad. Su gran talón de Aquiles es que necesita muchos más dólares de los que genera, y por eso cada vez devalúan el yuan más y más, y eso que tienen controles de capitales. China no es una amenaza, a mi juicio, igual que Japón no era una amenaza en 1989. Lo que pasa es que a los economistas, en nuestra fatal arrogancia, nos gusta creer en los reyes magos de la planificación central. Cuando aparece un gobierno que parece que es muy potente y que lo va a dominar todo llega el keynesiano de turno y te dice: ‘ves que esto funciona’. Lo decían con Japón, cuando nos decían que iba a acabar por invadirlo todo, que se iban a quedar con todas nuestras empresas. La planificación central no funciona nunca. No funciona con China; no funciona con Europa, lo que es una evidencia; no funciona con Estados Unidos, no funciona en ningún sitio.
Lo que ha hecho bien China, y muy bien, es que ha sido muy inteligente a la hora de decir que ‘si nosotros queremos ser una potencia tecnológica energética y empresarial, necesitamos que aquí haya capitalismo del que se han olvidado en Europa’. ¿Qué es lo que no me gusta a mí del modelo chino? El control social y que se use la tecnología para el control social me parece algo peligrosísimo. Por eso soy un grandísimo defensor de que la tecnología, cuanto más lejos esté de los estados, mejor.
Por eso creo que no me parece que China es una amenaza. Me parece que es una economía estupenda, que lo va a hacer estupendamente bien y que lo haría muchísimo mejor si ese empresariado y ese talento que tiene, que es espectacular, tuviese libertad individual y económica.



