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sábado, septiembre 12, 2026

De Joseph Goebbels a Úrsula von der Leyen

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El ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, fue el encargado de generar apoyo público para el Holocausto y para la guerra que estaba a punto de iniciar. Un maestro de la manipulación con gran poder de seducción que convenció al pueblo alemán de que solamente una persona tenía la autoridad y el poder suficiente para engrandecer a Alemania: Adolf Hitler.

Bajo esta terrible premisa resulta que Úrsula von der Leyen, sumerge a Europa en una locura inimaginable superando con creces al citado “doctor”[1]  con similar relato y análoga construcción de un discurso extremista tratando de silenciar voces disidentes y contrarias bajo el discurso de «necesidad» de controlar las redes sociales[2], igual lo hizo en su momento Goebbels y en ambas personalidades podeos vislumbrar la enorme capacidad para albergar odio.

Ahora, Von der Leyden, tiene a su favor como llegar rápidamente al pensamiento colectivo, contando con mayor alcance utilizando herramientas digitales y medios corruptos al servicio de la propaganda que pretende difundir.  Los medios “ensobrados” no hacen más que repetir las frases de sus “señores” en todos los círculos -posibles y por haber- en radio y televisión.

El pedido del día reza: “convencer a los ciudadanos de la necesidad urgente de armarnos e ir a la guerra”Como nos superan utilizando los medios, en notas periodísticas, cámaras de TV y micrófonos al aire, la faena resulta sencilla y conseguirán, en un abrir y cerrar de ojos, que los ciudadanos, absolutamente convencidos y deslumbrados, imploremos a nuestros “Lores” que nos pongan un equipo aligerado, borceguíes militares, uniforme de combate y un fusil Heckler & Koch G-36.  Así es cómo funcionan las estratagemas de manipulación y como penetran en su sesgo cognitivo.

Europa en particular y el mundo en general se encuentran en una era brillante y campos frondosos en lo que se refiere al control social. Existe una suerte de lobomatización en la gente influida por esa propaganda que estamos viviendo y que permite la creación y expansión de un colectivismo social histérico tal como se vivió en la pandemia, lo mismo con la guerra de Ucrania.

Oportunamente en agosto de 2023 tuve la oportunidad de redactar un artículo dónde presagiábamos las “derivaciones de la guerra de Ucrania”[3]donde entre otras cosas mencionábamos la instalación de la idea hollywoodense de la existencia de un zar diabólico maligno y perverso con fines de dominación mundial y, por otro lado, una Ucrania color rosa, rebosante de valores democráticos, morales y maravillosos, etc.… y un sinfín de detalles que rodean el cuento para instalar la narrativa. La tradicional venta de “manual” que suele suceder en las guerras dónde se presentan historietas de buenos y malos.

Por ello es que nos animamos a definir a la UE como un bloque geopolíticamente analfabeto y que a la ciudadanía parecería que no se representan la idea que la guerra podría acabará con la UE tal cual la conocemos. Todos lo vemos, nadie lo dice, los medios lo callan y secundan la narrativa, pero lo cierto es que del ciudadano de a pie, día a día camina sobre una piedra esmerilada que va degastando su tolerancia a los gobiernos que eligieron para que los representen.

La locura es total y se impone un pensamiento único desde el poder

Bajo este convulsivo escenario, surge la primera señal que, inequívocamente, nos empuja a definir la locura es total por parte de la presidente de la Comisión Europea y la “liga de la justicia” al salir corriendo en forma intempestiva a arropar al actor comediante, devenido presidente de Ucrania, en una reunión especial en Londres para pretender contrarrestar el bullying por parte del presidente Trump en el despacho oval de la Casa Blanca, comenzando de este modo un artillería pesada -con cañones 105mm sin retroceso- incesante mediática, destinado a amansar el discernimiento ciudadano. Partamos de la base: si todos pensamos del mismo modo, revela que nadie está pensando y con ello, la peligrosidad que sobrelleva el pensamiento único.

Imagen cortesía del Gobierno de Ucrania

Al ser humano siempre le ha costado trabajo aceptar la pluralidad desde los albores de la civilización, resultando la uniformidad mucho más cómoda y menos costosa de manejarla. Por ello es que los puntos de vista sociales, creencias y formas de pensamiento, entre otros, se han estandarizado, logrando que las personas asuman que su pensamiento es el correcto y todo lo que sea diferente, es incorrecto. Las mayorías mandan, las ideas que se siembran desde el poder mismo se filtran con mayor premura en los estratos sociales, aniquilando la reflexión y uniformando las creencias y opiniones.

Hoy, esta locura escurre sobre una población manipulada con miedo a decir lo que piensa extinguiendo todo intento de apelar a la razón o al pensamiento crítico. El pensamiento único se impone y quién vaya en contrario se tilda de negacionista, paranoico, (conspiranoico) incluso con violencia emocional cuando surge una opinión contraria para sosegar a quién discrepe.

La guerra es parte de un proyecto que lleva más de 30 años en ejecución

La guerra de Ucrania no comenzó en el año 2022 como cree la inmensa de la mayoría de los ciudadanos (ya comentamos acerca de la lobotomía social existente y parálisis cerebral de la inmensa generalidad), por el simple hecho de que eso es lo que les han vendido; en 1994 cuando era presidente Clinton, aprobó la ampliación de la OTAN hacia el Este. Para los que no recuerdan, en febrero de 1990 se trató el tema de la expansión (o, mejor dicho, no expansión de la OTAN) se habló al respecto con Gorbachov; desde luego, cuando viajaron a Moscú el secretario de Estado de EEUU James Baker y, enseguida después, el canciller federal alemán. Un poco antes, el ministro alemán de Exteriores, Hans-Dietrich Genscher, llegó a sugerir a su colega británico Douglas Hurd que había que declararlo públicamente que “la OTAN no tiene la intención de expandirse al Este”, información que se encuentra en innumerables documentos, solo basta buscar en el archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington[4].

Evidentemente los EE.UU. mintieron y no hace falta que lo mencionemos nosotros, simplemente es una información pública plasmada en los archivos perfectamente claros; así entonces se tomó la decisión en 1994 de expandir la OTAN hasta Ucrania diseñando para ello un proyecto que no fue parte de una administración sino de intereses nacionales de EE. UU tratándose de un plan a largo plazo y que lleva al día de hoy más de 30 años desde su comienzo.

Hartazgo social, corrupción y mentiras de líderes europeos con escasa legitimidad

Tres años lleva Zelenski intentando arrastrarnos a una Tercera Guerra Mundial, un presidente manipulador que intenta presentarse como un defensor de la libertad intentando brindar una imagen que en realidad posee muchas sombras detrás si intentamos analizar en detalle su acción política. Manipula la información cuando dice que Putin atacará a otros países europeos si no es “…derrotado ahora, porque Rusia –que no puede siquiera con Ucrania– no está en condiciones ir a una guerra total con la OTAN…”. Zelenski pone en riesgo permanente a todos en Europa, cada familia, cada ciudadano al pretender que la guerra se agrave o se extienda, porque eso no mejoraría la situación de su país, seguirá matando cada día que pasa a miles de ucranianos y solo empeoraría la vida de todos.

Hay sombras y oscuridad en su persona, recordemos septiembre de 2022, Rusia fue acusada de la destrucción de los gasoductos Nord Stream I y II por casi todos los medios y políticos occidentales, incluso por gobiernos como los de Dinamarca y Suecia.

El Alto Representante de la UE, Josep Borrell, declaró que habría “una respuesta contundente”. Zelenski negó reiteradamente que Ucrania estuviera detrás del atentado. Y lo siguió negando, en marzo de este año cuando salieron a la luz las primeras evidencias de que el ataque fue llevado a cabo por un grupo de seis personas, utilizando un yate alquilado por una empresa registrada en Polonia y propiedad de dos ciudadanos ucranianos, informaciones de las que el dirigente ucraniano solo dijo que “siguen el juego a Rusia”. Más tarde se supo que tres meses antes del atentado el espionaje holandés informo a la CIA estadounidense de que se estaba preparando el sabotaje bajo la dirección del general ucraniano Valery Saluschnij, y la CIA pidió a Kiev que no lo hiciera. Después de eso los que acusaban a Rusia han callado. Y también Zelenski.

La voladura de la presa de Nova Kajovka, en junio, presenta muchas similitudes con el caso Nord Stream: acusaciones iniciales a Rusia, con mucho ruido, no solo por parte de Ucrania sino por muchos portavoces y medios de comunicación occidentales, y luego oscuridad y olvido. Ni EE.UU., ni Reino Unido, ni Francia han acusado directamente a Moscú, lo que sin duda habrían hecho de considerarlo culpable.

Unos días después de la catástrofe, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU, el almirante retirado John Kirby, dijo en rueda de prensa que estaban trabajando con el Gobierno de Ucrania para obtener más información, y que no habían llegado a ninguna conclusión. Después de eso… silencio.

Es de suponer que si hubieran encontrado alguna prueba o evidencia contra Rusia la habríamos visto reproducida profusamente. Todas las posibilidades siguen abiertas en este caso, incluida una rotura accidental debida a los daños estructurales producidos por los combates, pero la tierra arrojada sobre el asunto por los servicios de inteligencia y los gobiernos occidentales eleva las sospechas de la autoría de Ucrania a más que probable.

Estas acciones no pueden ser en ningún caso obra de saboteadores civiles o grupos descontrolados, requieren planificación, preparación, medios, apoyos, dinero. No se pueden hacer sin recurrir a especialistas y profesionales avezados. Ni sin el patrocinio, o al menos la connivencia de los servicios de inteligencia. ¿Estaba Zelenski al corriente de ataques a infraestructuras, que son bienes de carácter civil cuya destrucción está expresamente prohibida por el Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra? ¿Lo ordenó o lo autorizó él? Si es así, podría ser acusado de crímenes de guerra. Si no, sería una demostración más de que no controla sus servicios de inteligencia, ni sus unidades de operaciones especiales, y –por ende– los recursos más opacos del estado que preside. Sería responsable por comisión o por omisión, pero sería el responsable.

Recordemos un episodio más que no podemos dejar pasar por alto al mentir cuando intentó culpar a Rusia de disparar un misil cuyos restos cayeron sobre Polonia (territorio OTAN) matando a dos personas. El misil había sido disparado por los propios ucranianos.

Para que entendamos mejor su perfil, en diciembre de 2022, el presidente ucraniano firmó una ley de medios que fue ampliamente criticada por la Unión de Periodistas de Ucrania porque en su opinión amenaza la libertad de expresión. Según esta ley, que empezó a gestarse en 2019, mucho antes de la invasión, el Consejo Nacional de Radiodifusión, formado en su mayoría por personas designadas por Zelenski y por el Parlamento ucraniano, dominado actualmente por el partido del presidente, censuró la televisión, la prensa escrita y el periodismo en línea, así como las redes sociales y los motores de búsqueda como Google.

Y hablemos del entorno, por ejemplo, el emblema del Batallón Azov (hoy Brigada) representa la imagen especular de la runa wolfsangel tomada del emblema de la 2ª División SS Das Reich, una unidad nazi que causó decenas de miles de muertos en Ucrania durante la II Guerra Mundial, especialmente judíos.

Hay más unidades en Ucrania de similar ideología: los batallones Aidar, Donbass y otros. Todos ellos empezaron como unidades paramilitares de voluntarios y posteriormente fueron integrados en la Guardia Nacional dependiente del Ministerio del Interior. Participaron en la revuelta del Maidan, a finales de 2013, en los disturbios en Odessa, en mayo de 2014, en los que se incendió la Casa de los Sindicatos causando la muerte de 48 prorrusos, y en la guerra del Donbass, a partir de 2014, donde fueron acusados de crímenes de guerra por la Misión de la ONU para la Monitorización de los Derechos Humanos y por Amnistía Internacional. También existen organizaciones políticas de extrema derecha como Svoboda (partido social-nacional hasta 2004) y Právy Sektor, que crearon sus propias unidades paramilitares y han seguido teniendo influencia a pesar de la disminución de su apoyo electoral. En abril de 2022, Zelenski defendió a la unidad Azov en una entrevista en la cadena estadounidense Fox[5], y ha permitido los homenajes al “héroe nacional” Stepan Bandera, un nacionalista aliado temporal de los nazis y responsable de la muerte de miles de judíos y de polacos durante la II Guerra Mundial.

Este es, en más o en menos, el perfil del presidente que quiere llevar a nuestros hijos a la III Guerra Mundial, a tus hijos, a mis hijos, con el apoyo de gran parte de gobiernos europeos, casi quebrados de legitimidad frente al electorado, intentando en cada momento de presentar a Zelenski como un héroe, adalid de la democracia en su lucha contra la tiranía de la libertad, cuyo arrojo está salvando a occidente de las hordas rusas, y no sé si nos quedamos cortos.

El presidente ucraniano ha sido elevado a los altares por una tenaz propaganda de los servicios de inteligencia occidentales – principalmente los anglosajones -, que ha sido replicada ampliamente por la inmensa mayoría de medios de comunicación, solo porque conviene a los poderosos intereses económicos y políticos, y solo mientras sea útil.

Están en ello desde mucho antes de que comenzara la invasión rusa, al menos desde que apoyaron indisimuladamente el golpe de estado antirruso del Maidán, cuando la estadounidense Victoria Nuland dijo, en una conversación con el embajador de EEUU en Ucrania: “Que se joda la Unión Europea”. Zelenski no existía entonces todavía políticamente. Pero cuando apareció les vino “como anillo al dedo”, nadie mejor que un actor para representar el icono –camiseta militar onda Fidel Castro, barba descuidada, ojeras de preocupación– que puede transformar ante la opinión pública los intereses geopolíticos de los más poderosos del planeta en una lucha desigual de David frente a Goliat, para despertar la empatía y, con ella, el apoyo acrítico de los ciudadanos “lobomotizados occidentales”- como mencionamos al principio-

La llegada de Trump

El desastre diplomático vivenciado en la Casa Blanca fue un error de Zelenski, que ha descarriado el sentido del contexto: arrogante como en cada ocasión e impertinente, se dirigió con superflua discordia al vicepresidente Vance tras contradecir éste a un periodista polaco que había que dar una oportunidad «a la diplomacia». Con su tradicional jactancia, Zelenski se enfrentó con el vicepresidente, le tuteó con desaire («JD») mientras éste le trataba educadamente de «Sr. presidente», entrando en caída libre frente Trump, como hemos visto.

Pero la pregunta que nos viene a la cabeza y que ningún medio de TV ni un sagaz periodista jamás ha preguntados es: ¿Por qué Europa en todo este tiempo no ha impulsado ni llevado algún brío de intento de paz? ¿Es que a ningún medio se le ocurrió preguntar eso? ¿no tenemos un periodista con la lucidez e inteligencia necesaria para hacerlo? ¡Ni una sola iniciativa, NI UNA SOLA!

Imagen facilitada por el Gobierno de Ucrania

La fotografía que me viene a la mente es que están decididos a seguir, prefieren la guerra a la paz, a continuar con el baño de sangre, muerte de padres, hijos, nietos ucranianos y por si fuese poco, ahora posiblemente vayas tú, tu hermano y tus hijos que además, pagaremos con cuantiosos impuestos – como si ya no nos costase- para ir a una guerra en los que no irán ni los hijos de Von der Leyden – la vimos en una entrevista riendo sarcásticamente cuando fue consultada por ello- ni los hijos de ninguno de todos los lideres que apoyan a Zelenski. ¡Que lo sepas!

La locura es total, es evidente que algo nos pasa a los europeos que ni siquiera reaccionamos y vemos bien, por ejemplo, que ahora Von der Leyden impulse un gasto de 800.000 millones de euros para armar a Europa y todo esto decidido en Bruselas, estés o no de acuerdo con ello, copiando la fórmula que utilizó para la pandemia con el tema de las vacunas, por la que esta investigada judicialmente, ergo, no nos enteramos de nada. Estamos cegados cognitivamente y esa ceguera reprime un análisis racional de los hechos.

Mientras en Londres la fotografía junto a Zelenski se asemeja a una glorificación- beatificándolo prácticamente- en el resto del mundo y los ciudadanos no ven el “nimbo” que ven Von der Leyen, Macron, Keir Starmer, Mark Rutte y desde ya no podía faltar Pedro Sánchez – quien ostenta una colección de acusaciones por corrupción- todos ellos con hermosas sonrisas, gestos elocuentes de apoyo y promesas “sobre el bidet” de la alianza.

Siempre cuidando la construcción publicitaria del presidente ucraniano devenido mesías.

La cumbre embriagada de poder, como decía Kissinger – el poder es el afrodisíaco supremo- [6], Trump quiere la paz, Putin quiere la Paz, el mundo quiere la paz, pero algunos en Europa quieren guerra, sangre y muerte y repetimos: Europa en estos años jamás planteo algo cercano a la paz, ¡Ni una sola iniciativa, NI UNA SOLA!

Se trata de una paz muy poco deseada, prohibida por decreto en 2002 en Ucrania considerándolo delito el intento de negociación. Es insólito, pero ningún periodista lumbreras lo manifiesta, ningún medio lo replica. Raro. Los ucranianos mismos desean la paz, su propio pueblo desea la paz, pero no así su presidente, algo que se contrapone lo manifestado por Zelenski en la Casa Blanca -el 53% quiere poner fin al conflicto y solo un 37% quiere continuar luchando- porcentaje que baja cada día dónde mueren más y más ciudadanos.

La alegoría de la caverna ucraniana

Utilizando la maravillosa obra de Platón dónde el mito de la caverna consiente examinar la visión que Platón tiene del conocimiento y la educación, ya que, para Platón, el conocimiento real es distinto al del mundo aparente. El prisionero que escapa, pasa de la ignorancia al conocimiento. Los prisioneros son en realidad una metáfora de la condición de las personas en la sociedad.

Y así estamos.

Si tan solo tuviésemos la posibilidad de salir de la ignorancia lobomotizada en la que nos encontramos y los ciudadanos pudiésemos ver la verdad, podríamos escapar, veríamos sin dificultad la utilización propaganda occidental, veríamos sin dificultad las mentiras, veríamos sin dificultad la construcción de un relato falaz, veríamos sin dificultad que, a pesar del relato, las fronteras rusas no se han modificado ni un centímetro desde 1991, contario a la OTAN, veríamos sin dificultad que no se trata de Rusia-Ucrania, sino de EE.UU -Rusia, veríamos sin dificultad que la provocación proviene de EE.UU, veríamos sin dificultad que Ucrania es un títere que aporta los muertos y veríamos sin dificultad que Europa paga la inmolación económica, veríamos sin dificultad las pérdidas humanas en casi 1 millón, veríamos sin dificultad cómo es que el senador Richard Blumenthal indicando que el dinero de EE.UU. «en Ucrania, su dinero vale la pena» ya que no ha muerto un solo soldado estadounidense, “es toda una ganga en términos militares»[7], veríamos sin dificultad llorar a una madre ucraniana y una madre rusa, veríamos sin dificultad que a la “liga de la justicia” reunida en Londres ríen porque poco les importa -no son sus hijos- veríamos sin dificultad el ataque en 1999 en Serbia sin mandato de la ONU por 78 días, veríamos sin dificultad las “armas químicas” de Irak y un informe Chilcot dónde Inglaterra mintió, veríamos sin dificultad el belicismo del Deep State americano, veríamos sin dificultad a Victoria Nuland diciendo “que se jodan los europeos”, veríamos el olvido del pueblo ucraniano en algunos años por los mismos medios corruptos de comunicación que los empujó al catástrofe y veríamos sin dificultad que los dejarán a la buena de Dios, veríamos que ya no habrá más aplausos, no habrá más reuniones en Londres, no habrá más focos de las cámaras de TV,  veríamos sin dificultad que mintieron antes y mienten ahora. Veríamos nada, solo habrá muertos que a nadie les importó.

Referencias:

Alfredo Pérez G. Püschel es analista en Geopolítica e Inteligencia, jefe de Seguridad Corporate para Argentina y Uruguay, Oficial (Res) Infantería Ejército y director de seguridad, entre otras experiencias.

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2 COMENTARIOS

  1. Lo que es evidente es que la UE no funciona en catástrofes, ya sea pandemia o guerra de cualquier clase. UE lleva mucho tiempo siendo una gran estafa, muy cara para los contribuyentes y muy lejos de sus expectativas a cambio de sus impuestos. Quizás sea la hora de que los ciudadanos exijan más y voten menos a sus opciones de toda la vida. Las instituciones europeas son caras e inútiles.

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