En la compleja arquitectura política del norte de África, Marruecos ha sabido consolidar su presencia como un Estado clave entre los países árabes, africanos y mediterráneos. Sin embargo, dentro de sus fronteras, emergen movimientos y comités que, lejos de alinearse completamente con el discurso institucional, buscan resituar el debate político en claves históricas, ideológicas y territoriales.
Uno de ellos es el poco conocido pero creciente Comité de Liberación de Marruecos, una organización que, según sus propios manifiestos, se propone “liberar al pueblo marroquí del autoritarismo, del neocolonialismo y de la represión sistemática que impone el régimen actual”.
El Comité de Liberación de Marruecos (CLM) no tiene una fecha fundacional clara, pero diversos analistas sitúan su aparición pública entre los años 2011 y 2013, en el contexto de las revueltas árabes. En ese período, muchos jóvenes activistas, exiliados políticos, antiguos presos de conciencia y disidentes intelectuales empezaron a conformar una red de resistencia política y simbólica en torno a la idea de una “segunda independencia”.
El “sentido de existir” del CLM se basa en una crítica frontal al Estado marroquí, al que consideran una continuidad del sistema colonial francés y español, transformado en una monarquía absolutista disfrazada de constitucionalismo. En sus comunicados y materiales de difusión, el comité denuncia que Marruecos vive bajo una monarquía “no reformada”, y que las instituciones democráticas son “decorativas y subordinadas al Majzén” (término que designa al aparato de poder tradicional vinculado a la Corona).
Para el comité, la independencia lograda en 1956 fue solo parcial y pactada entre las élites urbanas aliadas a la monarquía y los poderes coloniales. Según su narrativa, el pueblo no fue verdaderamente liberado, y por ello el CLM se erige como un heredero simbólico de la resistencia auténtica, especialmente de los movimientos armados del Rif y del sur, que fueron aplastados por el poder central.
El Comité de Liberación de Marruecos plantea una agenda maximalista pero estructurada. Entre sus objetivos políticos destacan el fin de la monarquía como forma de gobierno, a la que califican de “feudal”; el establecimiento de una república democrática y laica en Marruecos; el reconocimiento de las lenguas y culturas amazigh (bereber) como pilares del Estado; la desmilitarización del Rif y otras regiones marginadas; la liberación de todos los presos políticos y de conciencia; y la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, actualmente controlados por conglomerados ligados a la familia real o a sus aliados.
Desde el punto de vista social y territorial, el CLM también se ha mostrado activo en el debate sobre el Sáhara Occidental, aunque con una postura ambigua. Si bien no apoyan abiertamente al Frente Polisario, sí denuncian la “instrumentalización nacionalista” del conflicto por parte del régimen, y han pedido una solución basada en el derecho internacional y la autodeterminación real de los pueblos implicados.
Dado su carácter opositor y el riesgo de represión, el Comité de Liberación de Marruecos actúa principalmente desde el exterior, con nodos en Europa (especialmente en Francia, Bélgica y España) y una fuerte actividad en redes sociales, blogs y plataformas alternativas.
Sus acciones más destacadas han incluido la publicación de manifiestos y denuncias sobre represión, corrupción y abusos de poder en Marruecos; campañas de apoyo a presos políticos, como Nasser Zefzafi (líder del Hirak del Rif); participación en foros internacionales sobre derechos humanos y democracia en el mundo árabe; y colaboración con ONGs, movimientos amazigh y organizaciones de izquierda anticolonialista.
Internamente, el comité está organizado en células autónomas, que funcionan con una lógica horizontal. La toma de decisiones es colectiva, y no existe un liderazgo carismático visible, lo que complica tanto su penetración mediática como su control por parte de las autoridades.
Obviamente, el Comité de Liberación de Marruecos no está vinculado ni al gobierno ni a la Corona, y en realidad representa una de las formas más explícitas de oposición política e ideológica al actual sistema. Por ello, ha sido objeto de vigilancia, censura, y en algunos casos, acusaciones de traición o de colaborar con potencias extranjeras.
El régimen marroquí, que ejerce un control férreo sobre los medios de comunicación y los espacios públicos, ha intentado minimizar la existencia del CLM, negándole reconocimiento o presencia en debates institucionales. En algunos casos, las autoridades han acusado a miembros del comité de incitación al odio, separatismo o actividades contrarias al interés nacional. Esto ha obligado a muchos de sus integrantes a exiliarse o actuar desde el anonimato.
A pesar de todo, algunos observadores consideran que el CLM es parte de una nueva generación de oposición transnacional, que utiliza internet, redes de activismo global y causas como el anticolonialismo o la autodeterminación cultural para desafiar los relatos oficiales.
Planes de futuro y desafíos
El futuro del Comité de Liberación de Marruecos está lleno de incertidumbres. A pesar de su coherencia ideológica, enfrenta enormes desafíos, como la fragmentación del exilio marroquí, donde conviven islamistas, laicistas, amazigh, nacionalistas y liberales sin una agenda común. También la represión interna en Marruecos, que impide el crecimiento de bases organizadas en el país, así como la dificultad de generar alternativas concretas que puedan sustituir al actual sistema sin caer en el vacío político. Otro reto es la escasa visibilidad mediática y el cierre de los grandes medios internacionales a voces que no encajen en el relato oficial del Reino como “modelo de estabilidad” en la región.
Sin embargo, los integrantes del comité insisten en que su proyecto no es de corto plazo. “Liberar Marruecos no es cambiar de rey, ni de constitución: es devolverle al pueblo su capacidad de decidir, de soñar, de vivir sin miedo”, escribieron en un comunicado reciente. Para ello, apuestan por la educación política, la creación de redes ciudadanas críticas, y el fortalecimiento de vínculos con otros movimientos de liberación en África y el mundo árabe.
Una voz incómoda pero necesaria
En un escenario geopolítico donde Marruecos se presenta como socio clave de Europa, líder africano en innovación, y defensor de la moderación religiosa, el Comité de Liberación de Marruecos se alza como una voz incómoda, difícil de clasificar y persistente en su mensaje. No busca concesiones parciales, ni reformas superficiales, sino una refundación radical del país.
Aunque por ahora permanece en la sombra, su existencia revela que bajo la superficie del consenso impuesto por el Majzén, hay aún una lucha sin resolver: la del derecho de los pueblos a cuestionar el poder, incluso cuando este se disfraza de estabilidad.
Con todo, el Comité de Liberación de Marruecos (CLM) mantiene una posición crítica no solo hacia el régimen marroquí, sino también hacia la actitud histórica y contemporánea del Estado español respecto a Marruecos. Desde su discurso político, el CLM reclama a España una serie de acciones históricas, diplomáticas y éticas que consideran imprescindibles para una verdadera justicia en el Magreb.
Entre sus principales exigencias a España está la del reconocimiento del legado colonial y reparación histórica. El Comité acusa al Estado español de haber contribuido —junto a Francia— a la fragmentación del territorio marroquí durante el periodo colonial. Por ello, exigen a España que reconozca oficialmente su responsabilidad histórica en los crímenes cometidos durante el Protectorado, en especial en el Rif, donde las tropas españolas habrían usado armamento químico (gas mostaza y fosgeno) contra la población civil en los años 20 del siglo XX.
También que pida perdón públicamente al pueblo rifeño y promueva políticas de reparación simbólica e histórica, incluyendo investigaciones oficiales, apoyo a la memoria histórica y reconocimiento de las víctimas.
El CLM denuncia que España, al igual que otras potencias europeas, colabora de facto con la monarquía marroquí, tanto en materia de seguridad como de control migratorio, inversión económica o política exterior. Por esta razón exige que España cese el apoyo político y económico al régimen alauita, al que consideran autoritario y represivo, también que se rompan los acuerdos bilaterales que fortalezcan al Majzén en lugar de beneficiar a la población marroquí y, por último, que se proteja a los opositores marroquíes exiliados en suelo español, evitando su persecución mediante espionaje o presiones diplomáticas (como ya habría sucedido con algunos periodistas o activistas).
Transparencia sobre el papel de España en el Sáhara Occidental
Una de las mayores críticas del Comité es la postura ambigua de España respecto al Sáhara Occidental. Aunque el CLM no apoya abiertamente al Frente Polisario, sí exige que España admita su responsabilidad como potencia administradora del territorio no descolonizado del Sáhara Occidental, como establecen Naciones Unidas, así como que no respalde el plan de autonomía marroquí, al considerarlo una imposición del Majzén sin un verdadero proceso de autodeterminación saharaui, y que se promueva un referéndum real y libre en el Sáhara Occidental, bajo supervisión internacional, sin presiones ni coacciones.
El CLM rechaza el modelo de externalización de fronteras que España y la UE han pactado con Marruecos, por el cual Rabat actúa como “gendarme de Europa” a cambio de fondos millonarios. Denuncian que este modelo provoca violencia sistemática contra migrantes en suelo marroquí, en muchos casos con apoyo logístico o silencio por parte de las autoridades españolas, y que ha derivado en sucesos como el de la frontera de Melilla (2022), donde decenas de migrantes africanos murieron en circunstancias aún no del todo esclarecidas. También denuncia que viola el derecho internacional, y convierte a los migrantes en moneda de cambio entre Madrid y Rabat.
En este sentido, el comité exige a España que suspenda su cooperación fronteriza con Marruecos hasta que se garanticen los derechos fundamentales de los migrantes; desmilitarice las fronteras de Ceuta y Melilla, y revise su política migratoria desde un enfoque de derechos humanos.
En este contexto, dado que buena parte de los miembros y simpatizantes del CLM viven en el exilio —muchos en España—, el comité reclama al Estado español que no colabore con los servicios de inteligencia marroquíes (DGED) en la vigilancia o persecución de opositores políticos en territorio español; que proporcione asilo o protección internacional a activistas perseguidos por motivos políticos, culturales o de conciencia, y que garantice la libertad de expresión y asociación de los exiliados marroquíes, en cumplimiento del derecho internacional.
Descolonización real de Ceuta, Melilla y los peñones
A diferencia del discurso oficial marroquí, el Comité de Liberación de Marruecos mantiene una postura ambigua o crítica respecto a la reclamación del Estado marroquí sobre Ceuta, Melilla y los peñones del norte. Aunque reconocen que estos territorios son vestigios coloniales, no apoyan que pasen a manos del actual régimen, sino que exigen que se abra un debate internacional sobre la descolonización, pero dentro de un marco de autodeterminación popular y no de anexión estatal.
En cualquier caso, exige que España no utilice la ocupación de estos enclaves como herramienta de negociación con el Majzén y que cualquier solución pase por consultar a las poblaciones afectadas, incluyendo a rifeños, melillenses y ceutíes de origen marroquí.
Diferencias entre el comité para la liberación de marruecos y el comité para la liberación de Ceuta y Melilla
La diferencia entre el Comité para la Liberación de Marruecos (CLM) y el Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla (CLCM) radica principalmente en sus objetivos, enfoque político, y vínculos con el poder marroquí. Aunque sus nombres pueden parecer similares, representan proyectos completamente distintos, incluso con orientaciones opuestas en muchos aspectos.
El objetivo principal del Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla (CLCM) es reclamar Ceuta, Melilla y los peñones del norte de África como territorios marroquíes “ocupados” por España. Actúa bajo un discurso nacionalista marroquí tradicional, en línea con el relato oficial del Estado marroquí. A diferencia del otro Comité, no cuestiona la monarquía ni el sistema político actual, sino que refuerza la legitimidad del Estado marroquí en sus reivindicaciones territoriales.



