¿Qué tienen de interés para Estados Unidos países como Trinidad y Tobago, Surinam, Guyana o Eswatini más que España, país con cuyo ministro de Exteriores, José Manuel Albares, todavía no ha contactado su homólogo el secretario de Estado, Marco Rubio, desde que la nueva Administración Trump tomó posesión? Mucho menos ha habido contacto entre sus respectivos presidentes, Trumpo y Sánchez. Solo se ha producido a un nivel muy inferior al esperado, y deseable, por medio de un contacto este pasado viernes entre el subsecretario de Estado, Christopher Landau, y el secretario de Estado de Asuntos exteriores y Globales de España, Diego Martínez Belío.
Resulta chocante que sea tan fino el hilo de relaciones entre ambos países, cuando EE.UU. prácticamente ha llamado o visitado a casi todo el mundo en estos dos meses, y más aún llamativo que lo hiciera con países como los mencionados, algunos más pequeños que provincias españolas, frente a una España que es la decimocuarta economía mundial y la cuarta de la Unión Europea, y que, por cierto, aloja bases estadounidenses clave para la defensa en el Mediterráneo y África, como son la naval de Rota, en Cádiz, y la aérea en Morón de la Frontera, en Sevilla.
¿Qué explica pues que la primera potencia mundial no haya movido apenas ni la ceja para establecer, diríase mejor restablecer, relaciones con su histórico aliado en Europa? Lo logrado hasta ahora es un escueto comunicado difundido por el Departamento de Estado norteamericano por el que se informaba que Landau conversó el viernes con Martínez Belío, a quien el estadounidense le reafirmó la “solidez de la alianza entre Estados Unidos y España” y aprovechó para pedirle “aumentar su gasto en defensa en consonancia con sus compromisos con la OTAN”. O sea, primera llamada en semanas, breve, tardía y se diría que protocolaria, y casi en forma de reproche. La nota concluía señalando que entre ambos “se abordaron la profundización de nuestros vínculos en una amplia gama de intereses mutuos, incluyendo el fortalecimiento de la cooperación en materia de migración”. Y punto y final.
Lo que sí sabía todo el mundo en este tiempo de silencio, y antes que eso, es que el Gobierno español se ha mostrado pública y notoriamente crítico con Donald Trump y sus distintas políticas. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha mantenido una postura crítica hacia diversas políticas implementadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, especialmente en áreas como el comercio internacional y la defensa.
Sin ir más lejos, este mes de marzo, Trump anunció la imposición de un arancel del 25% a todos los automóviles importados, medida que afectaría significativamente a la industria automotriz europea, incluyendo a España. En respuesta, Sánchez expresó su preocupación y advirtió que, de no reconsiderarse esta decisión, Europa tomaría medidas adecuadas para proteger sus intereses económicos. Además, anunció la preparación de un Plan Nacional de Contingencia para mitigar el impacto negativo de estos aranceles en los sectores más vulnerables de la economía española.
Sánchez también ha defendido firmemente el proyecto europeo frente a las críticas de Trump hacia la Unión Europea. En febrero de 2025, respondió a las afirmaciones de Trump, quien sugirió que la UE fue creada para perjudicar a Estados Unidos, declarando que la Unión Europea no fue creada para «fastidiar» a nadie, sino como un proyecto de paz y prosperidad compartida.
La administración Trump ha criticado en múltiples ocasiones a los países miembros de la OTAN por no alcanzar el objetivo del 2% del PIB en gasto militar. En enero de 2025, Sánchez respondió enfatizando que España es un socio confiable y comprometido con la Alianza Atlántica, y que trabaja para cumplir con sus obligaciones en materia de defensa.
Sánchez ha manifestado, así mismo, su preocupación por el ascenso del populismo y las políticas unilaterales promovidas por líderes como Trump. Ha abogado por fortalecer el multilateralismo y las instituciones internacionales como respuesta a estas tendencias. En este contexto, ha instado a los ciudadanos y líderes europeos a defender los valores democráticos y a mantener la esperanza en tiempos de polarización política.
A nadie se oculta, pues, que Pedro Sánchez ha mantenido una postura crítica y vigilante respecto a las políticas de Donald Trump que considera perjudiciales para España y la Unión Europea. A través de declaraciones públicas y medidas concretas, ha buscado defender los intereses económicos y estratégicos de España, promoviendo al mismo tiempo los valores de cooperación y multilateralismo en el ámbito internacional.
Pero si en algo España se ha mostrado más que crítico con Estados Unidos es con respecto a la guerra en Gaza, donde Trump, pero también el demócrata Biden anteriormente, ha apoyado sin fisuras a Israel y todo cuanto ha realizado.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha expresado críticas contundentes hacia el presidente estadounidense, Donald Trump, debido a su apoyo a Israel y las propuestas relacionadas con la Franja de Gaza. Sánchez calificó de «inmoral» y contraria al Derecho Internacional la propuesta de Trump de expulsar a la población palestina de Gaza y reubicarla en otros países de la región. En una reunión con el presidente egipcio, Abdelfatah al-Sisi, en febrero de 2025, Sánchez enfatizó que «Gaza es de los palestinos» y rechazó cualquier medida que implique el desplazamiento forzoso de su población.
Trump sugirió transformar la Franja de Gaza en una zona turística denominada la «Riviera de Oriente Medio«. Sánchez criticó duramente esta idea, afirmando que «ninguna operación inmobiliaria tapará la ignominia, los crímenes de lesa humanidad y la vergüenza que se ha vivido en Gaza«. Subrayó la necesidad de respetar el orden y el derecho internacional, abogando por una solución que permita a palestinos e israelíes vivir en paz y seguridad.
Sánchez ha reiterado su compromiso con una solución política basada en la coexistencia de dos Estados, Israel y Palestina. Durante su encuentro con al-Sisi, ambos líderes coincidieron en la importancia de reconstruir Gaza sin recurrir al desplazamiento forzoso de su población y destacaron la necesidad de colaboración internacional para resolver la crisis en Oriente Medio
El presidente español también ha señalado la falta de una respuesta firme por parte de la comunidad internacional ante las propuestas de Trump. Ha instado a los líderes europeos a adoptar una postura más decidida en defensa del derecho internacional y los derechos de los palestinos, enfatizando que la indiferencia solo contribuye a la desestabilización de la región.
De uvas a peras
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han tenido interacciones limitadas y principalmente protocolarias. Su primer encuentro cara a cara ocurrió durante la cumbre de la OTAN en Bruselas en julio de 2018. En esta ocasión, Sánchez y Trump se saludaron brevemente al inicio de la reunión plenaria. El saludo, que incluyó un apretón de manos y un breve intercambio de palabras, fue capturado en fotografías difundidas por medios de comunicación. No se programó una reunión bilateral entre ambos durante este evento.
En junio de 2019, durante la cumbre del G-20 en Osaka, Japón, Sánchez y Trump volvieron a coincidir. En la sesión plenaria, se produjo un saludo entre ambos que llamó la atención mediática debido a un gesto de Trump señalando el asiento de Sánchez. Fuentes de Moncloa aclararon que se trató de una broma y que la interacción fue cordial.
Tras la reelección de Donald Trump en noviembre de 2024, Pedro Sánchez mantuvo una conversación telefónica con él para felicitarle por su victoria electoral. Durante la llamada, que duró aproximadamente quince minutos, ambos líderes destacaron la importancia de las relaciones bilaterales y la cooperación en desafíos globales. Desde entonces y tras la toma de posesión este año, ninguna llamada se ha vuelto a repetir.
En resumen, hasta marzo de 2025, Pedro Sánchez y Donald Trump han tenido dos encuentros presenciales en el marco de cumbres internacionales y una conversación telefónica significativa. Estas interacciones han sido principalmente protocolarias, sin registrarse reuniones bilaterales formales entre ambos mandatarios.
Estos próximos días 3 y 4 de abril tendrá lugar una reunión informal de la OTAN, a la que asistirán tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como el ministro español de Exteriores,



