Desde la creación del Estado de Israel en 1948 y la posterior Nakba palestina, el conflicto israelí-palestino ha estado en el centro del discurso político del mundo árabe. Sin embargo, aunque el apoyo retórico de los países árabes hacia la causa palestina ha sido constante, en la práctica ese respaldo ha sido intermitente, limitado o incluso inexistente en momentos críticos. ¿Por qué, a pesar de compartir vínculos históricos, religiosos y culturales con el pueblo palestino, los países árabes no brindan un apoyo total a su causa?
Tratamos de explorar las razones profundas, estructurales y políticas que explican este fenómeno: desde la geopolítica regional y los intereses económicos hasta la fragmentación ideológica del mundo árabe y la fatiga diplomática. La causa palestina ha pasado de ser una prioridad panarabista a un símbolo incómodo y politizado.
Durante la década de 1950 y 1960, bajo el liderazgo de figuras como Gamal Abdel Nasser en Egipto, el nacionalismo árabe abrazó la causa palestina como estandarte de lucha contra el imperialismo occidental y el sionismo. La liberación de Palestina era una misión colectiva. Sin embargo, tras la derrota árabe en la Guerra de los Seis Días (1967) y el colapso del panarabismo como proyecto político viable, muchos países comenzaron a priorizar sus propios intereses nacionales.
Un punto de inflexión importante ha sido el proceso de normalización diplomática con Israel, especialmente a partir de los Acuerdos de Abraham (2020), impulsados por la administración Trump. Países como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán establecieron relaciones formales con Israel, desmarcándose de la posición histórica de la Liga Árabe que condicionaba cualquier relación a una solución al conflicto palestino.
Entre los factores que impulsan esta normalización se encuentra el temor a Irán, pues muchos países del Golfo consideran a Irán como su principal enemigo geoestratégico. En este sentido, Israel es visto ahora como un aliado poderoso contra la expansión de Teherán.
En segundo lugar, la tecnología y el comercio. Israel ofrece avances tecnológicos, cooperación en seguridad y oportunidades económicas muy atractivas para regímenes que buscan diversificar sus economías más allá del petróleo. Luego está la presión internacional, especialmente por parte de EE.UU., principal aliado militar y económico de muchos países árabes, que ha incentivado los lazos con Israel.
Así, la causa palestina quedó, en muchos casos, relegada a un plano retórico. Otra razón del debilitado apoyo árabe a Palestina es la propia fragmentación interna entre los líderes palestinos, especialmente entre Fatah (en Cisjordania) y Hamas (en Gaza). Los países árabes, lejos de apoyar a ambas facciones de forma equilibrada, han tomado partido según su ideología o intereses:
Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos rechazan a Hamas por su vínculo con la Hermandad Musulmana, considerada grupo terrorista en sus territorios. Qatar y Turquía, por el contrario, apoyan abiertamente a Hamas, generando divisiones aún más profundas. Estas fracturas dificultan una estrategia unificada palestina y brindan excusas a los países árabes para no comprometerse plenamente.
Fatiga diplomática y desesperanza estratégica
Tras décadas de conflicto sin resolución, muchos países árabes han asumido en privado que la solución de dos Estados es inviable. Aunque públicamente mantienen su respaldo a esta fórmula, internamente se ha impuesto una lógica de resignación. Además, con la irrupción de otras crisis regionales —como la guerra en Siria, el conflicto en Yemen, la inestabilidad en Libia y la amenaza del Estado Islámico— la causa palestina ha dejado de ser la prioridad diplomática regional.
Muchos regímenes árabes, por otra parte, temen que una movilización masiva en favor de Palestina alimente protestas internas, como ocurrió durante la Primavera Árabe. La solidaridad popular con Gaza o Cisjordania se canaliza, a menudo, a través de protestas que también incluyen denuncias contra los propios gobiernos árabes por su pasividad o complicidad.
Para evitar una escalada, los gobiernos optan por represión o indiferencia. En países como Egipto o Arabia Saudita, manifestaciones masivas a favor de Palestina han sido duramente reprimidas o simplemente prohibidas.
El caso de Gaza en 2023–2024
Durante las ofensivas israelíes en Gaza en los últimos años, muchos esperaban una respuesta unificada del mundo árabe. Pero lo que se ha visto ha sido condenas diplomáticas tibias, reuniones sin consecuencias prácticas, envíos humanitarios limitados y falta de presión real contra Israel, especialmente desde los países con relaciones normalizadas.
Mientras tanto, las protestas populares en Ammán, Rabat, El Cairo o Túnez mostraron que las calles árabes siguen siendo solidarias, aunque los palacios no lo sean tanto.
Los países árabes no han abandonado por completo la causa palestina, pero sí han redefinido su relación con ella. En lugar de un apoyo total, han optado por una solidaridad simbólica, selectiva y, en muchos casos, condicionada a sus propios intereses geoestratégicos.
Para algunos críticos, esto representa una traición histórica. Para otros, una muestra de realismo político ante una causa que ha sido instrumentalizada durante décadas sin resultados tangibles. Lo cierto es que, mientras el pueblo palestino sigue sufriendo las consecuencias de la ocupación y el bloqueo, la retórica árabe ya no es suficiente. Y el vacío que dejan los gobiernos podría estar siendo llenado por la sociedad civil global, cada vez más movilizada.




“Lo cierto es que, mientras el pueblo palestino sigue sufriendo las consecuencias de la ocupación y el bloqueo, la retórica árabe ya no es suficiente.” Si el pueblo palestino ha estado construyendo túneles y comprando armas para “destruir” an Israel con un “bloqueo” no quiero imaginar que harían sin ese supuesto bloqueo por parte de Israel.