Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, lo expresó sin ambages este domingo, a la salida de la cumbre que reunió a los principales líderes europeos para estudiar una salida a la guerra en Ucrania: “Necesitamos una paz duradera en Ucrania, pero sólo se puede lograr a través de la fuerza. El camino hacia la paz es la fuerza. La debilidad engendra más guerra”.
Esta bien podría ser una declaración de principios que abriría una nueva etapa en Europa y que resumiría el encuentro en el que Zelenski volvió a encontrarse a sí mismo y entre amigos.
A saber cuál será el último pensamiento de un presidente al frente de un país en guerra en los últimos tres años antes de conciliar el sueño esta noche, tras 72 horas de un verdadero carrusel en el que, con un doble jet lag que tumbaría a un elefante, ha padecido el desprecio del mandatario de la primera potencia mundial y al poco el afecto extremo de una Europa determinada a reconstruir un marco algo tocado desde que Trump tomó posesión como presidente, y entre las seguras carcajadas y bien sonoras de la clase dirigente rusa, que entre bambalinas asiste a un espectáculo que no concede tregua al descanso.
Von der Leyen habló como nunca antes de la «necesidad de un gran aumento de la defensa europea«. No en vano, en el Consejo Europeo del próximo jueves presentará a los Estados miembros un «plan para rearmar Europa», pues, como insistió por activa y por pasiva en sus declaraciones a los medios, reproducidas desde su perfil en X, «la seguridad duradera se construye sobre la base de la fortaleza».
Este 2 de marzo de 2025 puede que pase a la historia si, como parece, se cumplen los propósitos de darle un giro de guion a la guerra más importante en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Londres fue sede de una cumbre en la que líderes europeos, entre ellos España, se reunieron con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para reforzar el apoyo a Ucrania en su conflicto con Rusia. El primer ministro británico, Keir Starmer, anfitrión del encuentro, destacó la importancia de la cumbre para la seguridad europea y reafirmó el compromiso de mantener la ayuda militar a Ucrania y la presión económica sobre Rusia. Pero, quizás sea lo más importante, abrir una vía para alcanzar la paz, que sería la segunda tras la bilateral entre EE.UU. y Rusia.

Durante la reunión, Starmer anunció un paquete de casi 2.000 millones de euros en misiles para Ucrania, incluyendo 5.000 proyectiles de defensa aérea que serán fabricados en Belfast. Además, los líderes europeos acordaron trabajar en un plan de paz junto con Ucrania, antes de involucrar a Estados Unidos, enfatizando que cualquier acuerdo debe garantizar la soberanía y seguridad ucraniana.
La cumbre también abordó la necesidad de que Europa refuerce sus capacidades defensivas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso una iniciativa para «rearmar Europa» y fortalecer la seguridad del bloque.

Miles de personas se congregaron en Londres en apoyo a Ucrania, reflejando el respaldo popular a las decisiones tomadas en una cumbre que concluyó con los líderes europeos enfatizando la importancia de aumentar el gasto en defensa y mantener la unidad frente a las amenazas rusas. Se abre un nuevo capítulo, por seguir con la licencia literaria, un nuevo carrusel para una sociedad, la europea, que empezaba a acostumbrarse a que en Ucrania hubiera, haya, una guerra.



