Lo sucedido en Ceuta estos días, con decenas de muertos, una tragedia estadística y humanitaria mayúscula ensombrecida por la elevada cifra de los que cruzaron la frontera española, ha puesto en el foco mundial no solo a España, sino, sobremanera, a Marruecos. La pregunta que se hacen, seguro que millones de personas en todo el planeta, es que qué está pasando en Marruecos para que sus ciudadanos, la inmensa mayoría jóvenes, huyan en desbandada a un país, como el español, con el que, curiosamente, casi comparte una misma tasa de paro juvenil (25% España y 30% Marruecos).
Hay quien dirá que muchos usarán España solo como país de paso, para establecerse en otros aún más ricos, como Francia, Alemania, Italia o Países Bajos. Pero no, la gran mayoría, a la luz de sus propios testimonios, quieren quedarse en España, entre otras causas, porque también una gran mayoría tienen ya familiares aquí radicados, porque las ayudas sociales son impagables y porque, por qué no decirlo, han oído o leído que el Gobierno está regularizando a centenares de miles de irregulares y, quién sabe, igual se abre un nuevo plazo, pensarán algunos.
Cualquier análisis sobre este drama social siempre se quedará corto. He leído que todo se ha debido a un fallo de inteligencia, cosa improbable, y más bien parece que ha sido un fallo del poder ejecutivo… español. Porque, y no parece ser, sino que ha sido, el poder ejecutivo marroquí sí que no ha fallado. Como ya ocurrió en Bielorrusia con Polonia, esta acción híbrida, como ya algunos gustan describirla, es, o podría ser, el primer paso de un proceso medido de desestabilización que persigue poner contra las cuerdas, o permítaseme el juego simpático, aunque desgraciado, contra las boyas, para reclamar lo que el monarca alauí considera que es suyo, las plazas de Ceuta y Melilla. Su padre la lío parda en el Sáhara con la exitosa ‘marcha verde‘: esta podría ser su primer ‘marcha azul‘, por el color del mar.
Pero quiero centrarme, como decía, en Marruecos y en las razones que lleva a muchos de sus ciudadanos a lanzarse a la arena española para agradecer a Alá haber llegado a la impía España, al grito, que casi recuerda a las Cruzadas, de ¡Viva España! Por no mencionar que muchos portan la camiseta de la Selección Española (aun teniendo una propia que casi da la sorpresa en el último Mundial) o de equipos españoles como el Real Madrid o el Barcelona. La pregunta es doble. Por un lado, ¿qué ven en España estas desesperadas personas (han muerto decenas en el intento)? y, por otro, ¿qué es lo que no ven su propio país, Marruecos?

El ¿milagro? marroquí
Durante las dos últimas décadas, Marruecos ha protagonizado una de las transformaciones económicas más llamativas del norte de África. Bajo el reinado de Mohamed VI, el país ha impulsado una estrategia de modernización basada en la diversificación industrial, la atracción de inversión extranjera, el desarrollo de grandes infraestructuras y la apertura comercial hacia Europa, Estados Unidos y África. El resultado ha sido una economía mucho más diversificada que hace veinte años, aunque todavía marcada por importantes desafíos estructurales como el elevado desempleo, la dependencia de las lluvias para la agricultura, las desigualdades territoriales y la baja renta media de una parte significativa de la población.
Actualmente, Marruecos se ha consolidado como la quinta economía africana por tamaño y una de las más dinámicas del continente. Su posición geográfica, apenas separada de Europa por 14 kilómetros en el Estrecho de Gibraltar, le ha permitido convertirse en una plataforma logística e industrial de primer orden para numerosas multinacionales que exportan hacia la Unión Europea.
Uno de los cambios más significativos ha sido la reducción del peso de la agricultura en favor de la industria y los servicios. Aunque el sector agrícola continúa empleando a una parte muy importante de la población activa, especialmente en el medio rural, industrias como la automoción, la aeronáutica, los componentes electrónicos, la fabricación textil, la industria alimentaria y el turismo han ganado protagonismo en la generación de riqueza.
Crecimiento económico
Tras la fuerte desaceleración provocada por la pandemia y varios años de sequía, la economía marroquí ha recuperado un ritmo de crecimiento considerable. El Banco Mundial estima un crecimiento del PIB cercano al 4,7-4,9 % en 2025, impulsado por la recuperación agrícola, la fortaleza del turismo, la construcción y las inversiones públicas, mientras que el FMI prevé una expansión superior al 4 % también en 2026.
El PIB nominal supera ya los 180.000 millones de dólares, una cifra que prácticamente duplica la registrada hace quince años. Sin embargo, continúa siendo inferior al de Argelia, cuya riqueza se apoya en las exportaciones de hidrocarburos.
Renta per cápita
La renta por habitante continúa siendo uno de los principales retos. Los datos más recientes sitúan el PIB per cápita en torno a los 4.600-4.700 dólares, muy lejos todavía de los estándares europeos y también por debajo de Argelia, aunque muy superior al de Mauritania y, especialmente, al de Malí. Esta diferencia refleja una realidad dual: grandes ciudades como Casablanca, Rabat o Tánger presentan niveles de desarrollo relativamente elevados, mientras numerosas zonas rurales mantienen niveles de renta considerablemente inferiores.
Sin embargo, el desempleo constituye probablemente el principal problema económico del país. La tasa de paro ronda el 13 %, con cifras especialmente elevadas entre los jóvenes, donde supera ampliamente el 30 %, así como entre mujeres y titulados universitarios. La prolongada sequía de los últimos años ha destruido miles de empleos agrícolas, obligando al Gobierno a lanzar programas específicos de creación de empleo y apoyo a las pequeñas y medianas empresas.
A pesar del crecimiento económico, el mercado laboral continúa mostrando dificultades para absorber a una población joven cada vez más formada.
Inflación
Uno de los aspectos más positivos de la economía marroquí durante los últimos meses ha sido la estabilización de los precios. Después del fuerte aumento inflacionista registrado en 2022 y 2023, la inflación ha regresado a niveles próximos al 1-2 %, favorecida por la política monetaria del Banco Central y la moderación de algunos precios internacionales.
En comercio exterior, Marruecos mantiene una economía muy abierta al comercio internacional. Sus principales exportaciones incluyen: Vehículos y componentes de automoción; fosfatos y fertilizantes; productos textiles; industria aeronáutica; y productos agroalimentarios. Sus principales clientes son, España, Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos. En cambio, importa grandes cantidades de petróleo; gas, cereales, maquinaria y equipamiento industrial.
Como consecuencia, el país mantiene un déficit comercial estructural, compensado parcialmente mediante el turismo, las remesas de emigrantes y la inversión extranjera. En los primeros meses de 2026 el déficit comercial aumentó por el incremento de las importaciones energéticas, aunque también crecieron con fuerza las exportaciones del sector del automóvil y los ingresos turísticos.
Divisas procedentes del exterior
Las entradas de divisas representan uno de los grandes pilares de la estabilidad financiera marroquí. Las principales fuentes son el turismo internacional; las remesas enviadas por millones de marroquíes residentes en Europa; la inversión extranjera directa y las exportaciones industriales. Las remesas de emigrantes, como ya he dicho, constituyen uno de los mayores ingresos de divisas del país y continúan creciendo este año, al igual que los ingresos por turismo.
El turismo se ha convertido en uno de los motores económicos nacionales. Ciudades como Marrakech, Fez, Agadir, Casablanca, Tánger o Chefchaouen reciben millones de visitantes cada año. El sector genera cientos de miles de empleos directos e indirectos y aporta una parte muy importante de las reservas de divisas.
Por otra parte, la gran revolución económica marroquí ha sido industrial. Hace apenas veinte años el país dependía casi exclusivamente de la agricultura, el turismo y los fosfatos. Hoy alberga una potente industria automovilística encabezada por plantas de fabricantes internacionales, además de un creciente sector aeronáutico y de componentes industriales, convirtiéndose en una plataforma exportadora hacia Europa.
La agricultura sigue representando un sector estratégico. Sin embargo, el cambio climático y la sucesión de años de sequía han reducido considerablemente las cosechas y han puesto de manifiesto la elevada dependencia del agua. Esta circunstancia explica buena parte de la volatilidad del crecimiento económico anual.
Y, cuidado, a diferencia de Argelia, Marruecos apenas dispone de petróleo o gas. Esta carencia obliga al país a importar buena parte de su energía. Como contrapartida, Rabat ha realizado una fuerte apuesta por las energías renovables, especialmente la solar y la eólica, buscando reducir su dependencia energética exterior.
Por lo demás, Marruecos figura entre los principales receptores de inversión extranjera del continente africano. Las empresas valoran especialmente su cercanía a Europa, la estabilidad política, sus infraestructuras, los acuerdos comerciales internacionales y el menor coste laboral respecto a Europa.
Comparación con Argelia, su principal vecino
Las diferencias entre ambos países son muy significativas. Argelia posee una economía más grande gracias al petróleo y al gas, con un PIB cercano a 287.000 millones de dólares y un PIB per cápita superior a los 6.000 dólares. Sin embargo, su estructura económica está mucho menos diversificada y depende en gran medida de los ingresos energéticos. Marruecos, por el contrario, dispone de una base industrial y exportadora mucho más amplia, aunque con menor renta por habitante.
Respecto a su otro gran vecino, Mauritania presenta una economía mucho más reducida, basada fundamentalmente en la minería del hierro, la pesca y, cada vez más, en el desarrollo del gas natural. Su mercado interior es pequeño debido a su escasa población y su capacidad industrial resulta muy inferior a la marroquí.
La diferencia con Malí es aún mayor. Malí figura entre los países más pobres del mundo. Su economía depende principalmente de la agricultura y de la minería del oro, mientras que la inestabilidad política y la inseguridad dificultan enormemente la llegada de inversiones. Su renta por habitante representa apenas una fracción de la marroquí.
Perspectivas
Las perspectivas para los próximos años son moderadamente positivas. El Mundial de Fútbol de 2030, organizado conjuntamente con España y Portugal, está acelerando inversiones en infraestructuras, transporte, aeropuertos, ferrocarriles y equipamientos turísticos. Al mismo tiempo, el Gobierno mantiene una estrategia orientada a reforzar la industria, atraer inversión y generar empleo.
No obstante, el país deberá afrontar importantes desafíos: reducir el desempleo juvenil, mejorar la productividad, combatir las desigualdades regionales, garantizar el abastecimiento de agua frente al cambio climático y elevar el nivel de vida de una población que supera ya los 37 millones de habitantes. Si consigue avanzar en estos frentes, Marruecos consolidará su posición como una de las economías más dinámicas y diversificadas del continente africano, manteniendo una ventaja estructural sobre Mauritania y Malí y acercándose progresivamente a Argelia en términos de desarrollo económico, aunque todavía con una brecha significativa en renta por habitante y recursos energéticos.
Entre tanto, centenares de miles de marroquíes parecen decididos a ver fuera de él cómo crece su propio país. Y en esas estamos, como si la cosa no fuera con nosotros, también parece que como testigos.
Luis Miguel Belda es periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia




