“Es importante destacar que no se trata de restablecer el servicio militar obligatorio”, aclaró el primer ministro polaco, Donald Tusk, en su intervención esta semana en el Sjem, la Cámara Baja polaca, pero tampoco ocultó que su gobierno prepara un plan de “entrenamiento intensivo”, como lo llamó, para la población civil ante un eventual reclutamiento para hacer frente al mal mayor que representa una guerra.
“La situación del mundo nos moviliza a tomar decisiones rápidas también en otros niveles”, anunció, tras lo cual desveló que “hay planes para lanzar un entrenamiento para personas que no se unen al ejército”. “El objetivo”, subrayó, “es preparar a la población para ayudar a su patria”. A buen entendedor…
Tusk resaltó, a día de hoy, la necesidad de contar con un ejército de medio millón de hombres en Polonia, incluidos, los reservistas. En este contexto, adelantó que “habrá un entrenamiento intensivo, que debería permitir que aquellos que no van al ejército se conviertan en soldados de pleno derecho y con pleno valor en una situación de conflicto”.
Más allá de este anuncio, que es no pecata minuta en un tiempo en el que las nuevas generaciones dan por sentado que las movilizaciones militares de antaño son cosa del pasado, Tusk habló también de las “nuevas oportunidades de financiación” de la defensa europea, y en lo que concierne más directamente a su país, “la cuestión de la defensa de la frontera oriental”, en evidente alusión a Rusia.
El primer ministro destacó que, “en medio de realidades geopolíticas difíciles”, la ventaja de Polonia sigue siendo la “unidad en el pensamiento sobre la seguridad de nuestro país, más allá de las divisiones partidarias”. “Una cosa no tiene ninguna duda: en cuestiones fundamentales para la seguridad de la República de Polonia existe un consenso desde hace décadas”, celebró.
Recordó Tusk que los elementos vertebradores de este consenso fueron de siempre dos dimensiones de su propia seguridad: una alianza transatlántica, “estrecha e incuestionable con los EE.UU.” y una posición fuerte en una Europa posiblemente unida.
“Aunque en el contexto de la guerra en Ucrania habrá voces que intenten encajar en la narrativa rusa”, dijo en un aviso para navegantes, “el consenso polaco en materia de seguridad sigue siendo inquebrantable”, aseguró.
En su intervención, trató de dar explicaciones y, de algún modo, justificar los vaivenes de Donald Trump, aunque siempre en tono conciliador, al señalar que “todo estado, especialmente una potencia como Estados Unidos, tiene el derecho y la obligación de definir su política y sus estrategias exteriores”.
Pero, agregó, “cada país, incluida Polonia, tiene el derecho y la obligación de evaluar de forma muy fiable y precisa lo que favorece nuestra seguridad y lo que puede crear un problema”. Al respecto, sentenció que “Polonia no cambia su opinión sobre la necesidad absolutamente fundamental de mantener los vínculos más estrechos posibles con los Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte”.
Por ello, manifestó su convencimiento, por encima incluso de su deseo, de la “plena participación” de Estados Unidos en las garantías de seguridad para Ucrania.
Y al referirse a Ucrania directamente, lo hizo para poner sobre la mesa una realidad, a su juicio, incontestable, y es que, “seamos honestos, cuando hablamos de Ucrania, tenemos en mente nuestra seguridad. Quiero dejar claro que la esperanza no es suficiente. La esperanza no sustituye a la estrategia”. Tusk afirmó que “ayudar a Ucrania y mantener a Rusia lo más lejos posible, una Europa fuerte y unas relaciones sólidas con los EE.UU. son nuestra estrategia, que debería servir de guía para toda Europa”.
Más ayuda a Ucrania en beneficio de la seguridad de Polonia
El segundo elemento del consenso nacional en materia de seguridad fue el apoyo inequívoco a Ucrania tras el ataque ruso. “Si nuestro vecino mantiene el estatus de Estado soberano, independiente y prooccidental”, dijo, ello “fortalecerá la seguridad de Polonia y de Europa”. Sin embargo, advirtió, “si Ucrania pierde la guerra al aceptar términos de armisticio que faciliten a Rusia obtener el control sobre ella, Polonia se encontrará en una situación geopolítica más difícil”.
Tusk compartió con los diputados de su país que los datos de inteligencia sugieren que Rusia se está preparando para aumentar sus capacidades de movilización, lo que, advirtió, “requiere una respuesta rápida de Europa, incluidas acciones que fortalezcan su potencial de defensa”.
En este sentido, aplaudió las conclusiones del Consejo Europeo, que “allanan el camino para que los Estados miembros aumenten sus capacidades de defensa” de la mano unos préstamos garantizados por el presupuesto de la UE de hasta 150.000 millones de euros.
El dinero europeo, dijo, se gastará en capacidades de defensa: en el ámbito de la defensa aérea, sistemas de artillería, municiones, misiles, drones, movilidad militar, guerra electrónica, inteligencia artificial en aplicaciones militares y armas cibernéticas. Se trata de fondos para compras “en condiciones muy favorables” para todos los países interesados, incluida la industria polaca, resaltó.
El primer ministro también anunció la iniciativa de crear un Banco de Armamento, que financiaría proyectos de defensa basados en el modelo del Banco Europeo de Inversiones. Así, Polonia mantendrá un “alto nivel” de gasto en defensa en los próximos años.



