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miércoles, julio 29, 2026

Redefinir Europa

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Javier De la Nava
Javier De la Nava
Profesor de Economía Internacional

Sobre los humeantes rescoldos de la guerra se montaron los cimientos de la actual Unión Europea. La reconstrucción tomó cuerpo gracias al apalancamiento del Plan Marshall, hoy dinamitado conceptualmente por la clase dirigente de Washington. La fortaleza se consolidó en gran medida por la seguridad energética, base de la industrialización. En el plano defensivo, la presencia norteamericana aportaba seguridad en el incierto contexto de la Guerra Fría. Al acabar ésta, el esquema no cambió.

En apenas dos años, los pilares se han resquebrajado. El detonante lo constituyó la invasión y posterior enfrentamiento ruso-ucraniano. Las líneas de sujeción de la marioneta europea se han deshilachado y las seguridades de antaño se han difuminado.

A medio plazo no se puede cortar, del todo, el cordón umbilical que une las dos orillas atlánticas en materia de defensa. Nuestra industria de defensa tardará años, tal vez décadas, en equiparar su producción a la norteamericana. Existe el consenso de prepararse para los próximos ochenta años y dejar para los libros de historia las ocho décadas anteriores.

El pasado mes de marzo, la Comisión Europea presentó un plan de rearme presupuestado en 800.000 millones de euros, cuya quinta parte se sustanciará en préstamos a los Estados miembros. Algunos de ellos prefieren subvenciones al estilo de los Fondos Next Generation. Todo apunta a que en la próxima cumbre de la OTAN se planteará el 3,5% s/PIB como objetivo del gasto en defensa a alcanzar en un lustro.

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, dos tercios de dicho gasto se centra en comprar armamento a Estados Unidos. El Parlamento Europeo subrayó la dependencia y alertó en especial sobre carencias en las telecomunicaciones por satélite, clave para la inteligencia militar, dada “la creciente amenaza de militarización del espacio”. Propiciar fusiones entre las grandes compañías del sector aeroespacial, Airbus, Leonardo y Thales, reduciría la distancia que nos saca la empresa de Elon Musk, cuyo número de satélites supera al del conjunto europeo.

Las exigencias en seguridad van más allá de la defensa militar, debe implicar un cambio de modelo centrado en una estructura operativa de autoridad política que consiga superar los divergentes planteamientos nacionales de acuerdo con sus percepciones sobre las amenazas y el potencial de sus industrias de defensa internas.

Al amparo de la Política Común de Seguridad y Defensa, las Fuerzas Armadas de cada país podrían utilizarse bajo el paraguas de la OTAN o de la Unión Europea. La reforma del citado marco pasa por la coordinación y cooperación que generen economías de escala en futuras operaciones. Las sinergias favorecerían el desarrollo y el ahorro de costes, esquema a seguir con el futuro avión de combate europeo. Como precedente, en octubre de 2023, el Consejo Europeo creó el Edirpa, ley que ampara la compra común de material de defensa, cuyo origen debe ser europeo en sus dos terceras partes. La potente industria militar francesa presiona por subir el ratio al 80%.

Las grandes compañías del sector ven crecer sus expectativas de rentabilidad y aumentar sus cotizaciones financieros. Superada la inflación de costes y empujadas por la incertidumbre geopolítica, sus márgenes de negocio se han fortalecido los últimos meses.

Las apuestas se centran en el material de guerra electrónica, plataformas navales, procedimientos de alerta frente al tráfico aéreo no tripulado y sistemas de emergencia y protección global. Una doble aplicación, civil y militar, de los diferentes proyectos, en especial los de avanzada tecnología como la gestionada por las torres de control aéreo en nuestro país, abarataría costes de inversión y generaría mayor apoyo social. Beneficios que no desnudarían a un santo para vestir a otro.

De golpe nos hemos dado cuenta que estamos solos ante las grandes amenazas que se ciernen. La certeza de nuestra protección se ha evaporado y desaparecido la disuasión. El nuevo orden obliga a reelaborar parámetros ante las amenazas interrelacionadas (climática, económica, energética y militar) que acechan a la Unión. La Estrategia de Preparación diseñada por Comisión se centra en acciones tendentes a reforzar todos los niveles de respuesta ante crisis, medidas proactivas que afectan a ciudadanos, militares, gobiernos e instituciones comunitarias.

Antes de 2027, “Europa debe ser más fuerte en todos los frentes y a todos los niveles de la sociedad” declaró la alta representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea. Este macrobjetivo pasa por una imprescindible pedagogía entre los ciudadanos, base de consensos parlamentarios orientados a lograr una necesaria autonomía estratégica. La imperiosa necesidad de configurar una nueva arquitectura de seguridad precisa redefinir Europa.

Javier de la Nava es profesor de Economía Internacional 

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