Este viernes, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que marca un giro significativo en la disputa sobre el Sáhara Occidental. La resolución 2797, patrocinada principalmente por Estados Unidos y apoyada por varias potencias internacionales, valida el plan de autonomía marroquí como “la solución más factible” para el conflicto, al tiempo que prorroga el mandato de la misión de paz de la ONU en el territorio (MINURSO) por un año.
Este avance no es menor: por primera vez, el organismo internacional otorga su respaldo explícito, en los términos de esta resolución, a la propuesta marroquí de autonomía, debilitando así la posición del Frente Polisario (movimiento independentista saharaui) y de su principal patrocinador regional, Argelia.
La resolución 2797 renueva el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) por un año, hasta octubre de 2026, contrario a versiones previas que se especulaban prórrogas más cortas, como de seis meses. Además, se incluye una petición al Secretario General para que realice una revisión estratégica del mandato de MINURSO, tomando en cuenta los avances del proceso de negociación.
Este cambio refleja una apuesta por mantener una presencia continuada de la ONU en el terreno, mientras se articula diplomáticamente el nuevo enfoque hacia la autonomía como núcleo del proceso.
Reconocimiento explícito del plan de autonomía marroquí
El núcleo distintivo de la resolución es que identifica el plan de autonomía presentado por Marruecos como la “solución más factible” para resolver el conflicto, y lo coloca como base preferente para futuras negociaciones. Este respaldo explícito es potente políticamente, porque trasciende la habitual ambigüedad de años anteriores, en que el Consejo mantenía un lenguaje más neutral sobre la autodeterminación del pueblo saharaui.
En particular, el texto de la resolución urge a las partes a negociar sin condiciones previas, utilizando el plan de autonomía como fundamento del diálogo. Se menciona que en años recientes un número creciente de países —incluidos miembros permanentes del Consejo como EE. UU., Francia y Reino Unido— han expresado respaldo a la iniciativa marroquí.
Aunque la resolución favorece claramente la iniciativa marroquí, no ignora la necesidad de un proceso negociado. Se reafirma el liderazgo del Secretario General Antonio Guterres y de su enviado personal (Staffan de Mistura) para conducir un proceso de compromisos entre las partes. Además, se hace un llamamiento para que las partes enfrenten el diálogo con “political will” (voluntad política), sin condiciones previas que bloqueen el avance.
Este matiz tiene importancia porque responde a una de las objeciones centrales del Frente Polisario: que no aceptará negociar bajo parámetros que lo puedan “deslegitimar” como actor.
Abstenciones y déficit de unanimidad
La resolución fue aprobada con 11 votos a favor, 0 en contra, y 3 abstenciones. Ningún Estado votó en contra de manera explícita. Uno de los miembros no participó en la votación (Argelia, que había anunciado que se abstendría o no participaría). Las abstenciones de Rusia, China y Pakistán reflejan una reticencia diplomática ante el giro del texto hacia una postura tan decidida.
El hecho de que no existiera un voto negativo indica que Marruecos y sus aliados lograron neutralizar posibles vetos, particularmente de Rusia y China, ante las presiones diplomáticas previas.
Historia del conflicto y papel de la ONU
Desde su salida de España en 1975, el Sáhara Occidental ha sido objeto de disputa entre Marruecos y el Frente Polisario, apoyado históricamente por Argelia y otras fuerzas regionales. Esa disputa se combinó con la financiación de campamentos de refugiados en Argelia y una retórica internacional de autodeterminación para los saharauis.
En 1991 se estableció MINURSO, la misión de la ONU encargada de supervisar el cese del fuego y facilitar un referéndum de autodeterminación para el territorio. Pero ese referéndum nunca se ha celebrado, debido a desacuerdos profundos sobre quién podría votar, criterios de elegibilidad y el rol del territorio. En los últimos años, el statu quo ha permanecido esencialmente congelado, con renovaciones rutinarias del mandato de MINURSO sin pronunciamiento claro sobre qué solución debería adoptarse finalmente.
El Plan de Autonomía fue presentado por Marruecos en 2007 como una alternativa de solución política: otorgar al Sáhara un autogobierno con instituciones locales, mientras Marruecos conservaría el control de defensa, exterior, moneda, fronteras y religión. Sin embargo, ese plan nunca ha sido universalmente aceptado, en especial por el Frente Polisario que insiste en un referéndum con la opción de independencia.
En los meses previos a la votación del Consejo de Seguridad, Marruecos intensificó su diplomacia internacional para conseguir respaldo explícito a su propuesta. Estados Unidos —repitiendo su posición desde la era Trump— actuó como motor del proyecto de resolución. Francia y Reino Unido ya habían manifestado su simpatía por el proyecto de autonomía, como también España, que cambió de posición con el gobierno de Pedro Sánchez. Varios países europeos, así como estados de África y del mundo árabe, también mostraron señales de alineamiento político con Rabat.
Argelia, por su parte, ejerció presión diplomática para que el texto no incluyera un respaldo tan explícito al plan marroquí, e incluso amenazó con vetos o cambios. Además, el Frente Polisario, anticipando ese desenlace, respondió rechazando de antemano cualquier negociación basada en términos que considerara emergentes de un respaldo “legitimador” de la ocupación marroquí.
El borrador final de la resolución pasó por ajustes, especialmente en torno al refuerzo del derecho a la autodeterminación saharaui, para evitar que algunos países abstuvieran o bloquearan el texto por considerarlo demasiado sesgado hacia Marruecos.
Para Marruecos, la resolución representa una victoria diplomática histórica: ve su plan de autonomía finalmente legitimado por la ONU. Le permite reforzar su narrativa de que la solución al conflicto es una cuestión de reconstrucción interna (autonomía) más que de separación. El Rey Mohammed VI tiene prevista una alocución nacional esta misma noche, que probablemente se enmarcará en la celebración de este logro diplomático.
Internamente, Rabat puede interpretar esta resolución como una consolidación de su posición frente a desafíos domésticos, demostrando capacidad diplomática y legitimidad internacional. También puede aprovechar el momento para seguir promoviendo inversiones e iniciativas de desarrollo en las zonas saharauis bajo su control, realzando la idea de “integración” con beneficios locales.
El Frente Polisario reaccionará previsiblemente con rechazo rotundo. Ya antes de la votación había anunciado que no aceptaría participar en una negociación que interpretara como un reconocimiento tácito de la ocupación marroquí. Ahora, con el respaldo del Consejo de Seguridad, su margen diplomático y simbólico se ve seriamente reducido. No obstante, mantiene el apoyo de ciertos países y movimientos de solidaridad, y su capacidad para movilizar a la opinión pública saharaui y cubriendo su discurso de resistencia puede fortalecerse desde la narrativa de “victimización” frente a una resolución que considera injusta.
Asimismo, el Polisario puede rechazar la resolución en su totalidad, negarse a participar en negociaciones futuras en esos términos, y apelar a órganos internacionales de derechos humanos o de supervisión para denunciar lo que verá como una usurpación de sus derechos políticos.
Argelia y aliados regionales
Argelia, su tradicional patrocinador, ve la resolución como una derrota diplomática que erosiona su influencia en el Magreb y en la causa saharaui. Su capacidad para presionar en el Consejo no fue suficiente para evitar el respaldo explícito al plan marroquí. La abstención o no participación que adoptó fue simbólica de la debilidad de su posición ante los bloqueos diplomáticos.
El país puede responder intensificando su retórica anti-marroquí, apoyando diplomáticamente al Polisario, fortaleciendo posiciones en organismos regionales (Unión Africana) y buscar alianzas mediáticas y diplomáticas en África y el mundo árabe para contrarrestar el avance marroquí en legitimidad internacional.
Esta resolución podría marcar un punto de inflexión en las alianzas del Magreb. Marruecos sale reforzado diplomáticamente, mientras Argelia ve cómo sus esfuerzos pierden eco internacional. Podría acelerar el reconocimiento del plan marroquí por otros Estados, debilitando el aislamiento diplomático de Rabat frente al Polisario. También podría obligar a la Unión Africana y organismos regionales a reposicionar sus posturas frente al conflicto del Sáhara Occidental.




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