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martes, julio 28, 2026

El Vaticano, o el milagro diplomático que esperan desde Trump hasta Petro

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

Desde su consolidación como Estado independiente con los Pactos de Letrán en 1929, el Vaticano ha desempeñado un rol diplomático singular: no posee ejército, no representa intereses económicos directos y no se alinea con bloques políticos. Esta posición ha permitido a la Santa Sede actuar como mediador en numerosos conflictos, apelando a su autoridad moral, neutralidad y extensa red diplomática global.

En las últimas semanas, el Vaticano ha vuelto a la actualidad en mayúsculas, no solo por el fallecimiento del Papa Francisco y la elección del nuevo sucesor de San Pedro, León XIV, sino también por la sugerencia de que este pequeño estado se convierta en escenario de negociaciones de conflictos tan relevantes como la Guerra de Ucrania o la que enfrenta al Gobierno colombiano con las guerrillas aún en pie. Líderes tan antagonistas como Donald Trump y Gustavo Petro han recibido y sugerido que el Vaticano podría ser un buen punto de partida para alcanzar acuerdos.

 

No obstante, su intervención como mediador no comenzó en el siglo XX: ya desde la Edad Media los papas asumían roles arbitrales entre reinos cristianos, luego experiencia, lo que se dice experiencia, la tiene y acreditada.

En la Edad Media y Moderna el Papa Gregorio VII (siglo XI) intervino en disputas entre el Sacro Imperio Romano Germánico y reinos europeos, aunque su papel era más teocrático que neutral. El Papa Inocencio III (siglo XIII), por su parte, actuó como árbitro entre Francia e Inglaterra en varias ocasiones. En el Siglo XVI, durante las guerras de religión, la Santa Sede intentó mediar en conflictos entre católicos y protestantes, pero su papel fue visto como parcial, obviamente.

Durante siglos, la autoridad papal se confundía con el poder político de los Estados Pontificios, lo que limitaba la credibilidad del Vaticano como mediador imparcial hasta llegar al siglo XX, en que el Vaticano se perfila como un actor diplomático moderno. El punto de partida son los Pactos de Letrán (1929), que suponen el reconocimiento de la Ciudad del Vaticano como Estado soberano, lo que consolidó su legitimidad como actor neutral en la diplomacia internacional.

Una prueba de fuego mayúscula fue la que vivió el Papa Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien mantuvo la neutralidad oficial, en verdad promovió acciones diplomáticas discretas para evitar bombardeos en Roma y facilitar el salvoconducto de refugiados, entre ellos de judíos. Y eso que este pontífice fa sido acusado de inacción ante el Holocausto, lo que ha ensombrecido su imagen como mediador durante ese período. Aún prosiguen los estudios en torno a esta figura histórica y su verdadero papel respecto a la masacre nazi.

Casos contemporáneos representativos de mediación vaticana son los de Argentina y Chile en el llamado Conflicto del Beagle (1978-1984), donde ambos países estaban al borde de una guerra por el control de islas en el Canal de Beagle. El Papa Juan Pablo II, a través del cardenal Antonio Samoré, logró que se firmara un acuerdo de mediación. Con ello, se evitó una guerra inminente. En 1984 se firmó el Tratado de Paz y Amistad en el Vaticano como escenario.

Otro caso paradigmático es el que secular enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos, que alcanzó en 2014 un punto álgido. Décadas de ruptura diplomática y embargo económico enfrentan a ambas naciones desde los tiempos de la revolución castrista. El Papa Francisco, con cartas privadas y conversaciones discretas, ayudó a propiciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. El resultado es que se anunció el acuerdo el 17 de diciembre de 2014. Ambos gobiernos reconocieron el papel clave del Vaticano.

El izquierdista y antiguo guerrillero Gustavo Petro lo ha pedido ahora, pero ya en 2016 el Vaticano propició un primer acuerdo entre Colombia y las FARC, que concluyó en un proceso de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla más antigua de América Latina. La Santa Sede no participó directamente en las negociaciones, pero fue garante moral, y el Papa Francisco respaldó el proceso públicamente. Aunque el proceso enfrentó altibajos, la autoridad moral del Papa reforzó la legitimidad del acuerdo.

En Sudán del Sur existe una guerra civil desde 2013. En 2019, el Papa Francisco invitó a los líderes en conflicto al Vaticano y, en un gesto sin precedentes, les besó los pies para pedirles la paz. Aunque la paz aún es frágil, el gesto fue simbólicamente poderoso y relanzó el diálogo.

Principios de la mediación vaticana

El primero y principal es la neutralidad activa, de modo que el Vaticano no se alinea con potencias o intereses económicos. Luego está la diplomacia discreta, que prioriza el diálogo privado y los contactos personales. Desde luego, su autoridad moral, que se basa en el prestigio ético más que en el poder político, sin olvidar su potente y extensa red diplomática, que posee relaciones con más de 180 países y presencia en organizaciones internacionales. Con todo, su motivación principal es la dignidad humana y la paz, no el interés estratégico.

¿Ha sido un camino de rosas la intervención del Vaticano en conflictos mundiales y, en todo caso, eficiente? Claro que no. Los ‘peros’ también existen. En conflictos como Siria o Ucrania, el Vaticano ha condenado la violencia, pero su influencia ha sido limitada. En el caso de Ucrania la situación podría ser ahora distinta si fragua que el Vaticano acoja futuras negociaciones.

Algunos sectores acusan a la Santa Sede de favorecer ciertos actores según afinidades religiosas, mientras que escándalos de abuso y corrupción han debilitado su autoridad moral en algunos contextos.

El Papa Francisco renovó el compromiso con la diplomacia humanitaria, especialmente en África y América Latina, y León XIV no está dispuesto a desfallecer en el empeño de que el Vaticano sea guardián de la esperanza en este ámbito en todo el mundo. A falta de confirmación formal, se especula sobre un posible rol en la guerra en Ucrania, donde, aunque aún sin éxito concreto aún, el Vaticano ha ofrecido mediar, lo que apoya sin ambages el presidente Trump. En conflictos en África, en concreto en la República Centroafricana y Congo, mantiene una presencia activa a través de obispos y misiones. En Israel y Palestina, tradicionalmente ha abogado por una solución pacífica, defendiendo los derechos de ambas partes.

Lo que nadie niega es que el Vaticano se ha consolidado como un actor peculiar en la diplomacia mundial: no tiene coerción militar ni económica, pero ejerce una influencia considerable por su autoridad moral, historia, red global y visión humanitaria. Aunque sus éxitos como mediador no son universales, su sola presencia en mesas de diálogo otorga legitimidad y esperanza en procesos que, de otro modo, podrían estancarse o fracasar.

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