Rusia, a pesar de contar con una superioridad numérica en aviones de combate, no ha logrado doblegar a Ucrania por aire debido a varios factores clave, sobre todo porque Ucrania ha construido una red de defensa antiaérea altamente efectiva con sistemas como S-300 y Buk-M1, curiosamente, una herencia soviética, y NASAMS, IRIS-T y Patriot suministrados, eso sí, por Occidente. Pero hay mucho más que apuntar para entender un escenario inimaginable cuando arrancó la invasión.
Los sistemas señalados han dificultado que Rusia establezca superioridad aérea total, obligando a sus aviones a operar a altitudes más seguras o desde fuera del espacio aéreo ucraniano. A ello se suma que Rusia ha evitado exponer demasiado su fuerza aérea por temor a sufrir grandes pérdidas. Por eso sus aviones operan, como se apunta, mayormente desde distancia, lanzando misiles y bombas guiadas en lugar de realizar incursiones profundas en territorio enemigo.
Además, las fuerzas ucranianas han recibido miles de misiles Stinger, Starstreak y otros sistemas de defensa portátil, que han hecho que operar helicópteros y aviones rusos a baja altitud sea muy arriesgado. No hay que olvidar que ambos bandos utilizan guerra electrónica para interferir con radares y sistemas de misiles, ni que los drones ucranianos como el Bayraktar TB2 han ayudado a atacar posiciones rusas y detectar objetivos para la artillería, reduciendo la necesidad de incursiones aéreas tradicionales.
Con carácter general, Rusia ha mostrado dificultades en el uso de municiones guiadas de precisión, lo que ha limitado su capacidad de llevar a cabo ataques quirúrgicos sin exponerse a la defensa aérea ucraniana. Y, entre tanto, Ucrania ha recibido constante apoyo de la OTAN en inteligencia, entrenamiento y tecnología. Además, la moral y resistencia de sus tropas han impedido que Rusia logre un dominio aéreo efectivo. Es decir, aunque Rusia tiene más aviones, la combinación de defensas avanzadas, misiles portátiles, guerra electrónica y apoyo occidental ha impedido que su fuerza aérea domine el conflicto.
El general de división aérea Pierre-Stéphane Vaysse, Jefe Adjunto del Estado Mayor “Actividades” de la AAE de las fuerzas armadas francesas, acaba de compartir sus análisis de las operaciones aeroespaciales realizadas en el suelo ucraniano y sus implicaciones para la preparación de las fuerzas francesas para la alta intensidad.
Una de las lecciones fundamentales del conflicto ucraniano es la incapacidad de ambos beligerantes de lograr la superioridad aérea. A pesar de un equilibrio de poder inicialmente muy favorable a Rusia, la aviación rusa no ha conseguido dominar los cielos ucranianos. A juicio del general francés, varios factores explican esta situación, uno de los cuales es, en su opinión, una “mala planificación” de la fuerza aérea rusa.

Ya el 24 de febrero de 2022, la ofensiva aérea rusa sorprendió por su falta de intensidad y preparación, recuerda. La ausencia de ataques masivos y coordinados contra las defensas aéreas ucranianas les permitió sobrevivir y seguir amenazando a la aviación rusa. La batalla del aeropuerto de Hostomel del 25 de febrero de 2022, por ejemplo, es un ejemplo de ello. Ese día, un grupo de paracaidistas rusos transportados allí en helicópteros fue diezmado por la resistencia ucraniana.
La resiliencia ucrania en forma de drones
Luego está un detalle que n o hay que perder de vista, como no ha hecho este general francés: Frente a un adversario tecnológicamente y numéricamente superior, Ucrania ha implementado estrategias de engaño, camuflaje y movilidad para preservar sus medios de defensa aérea. La falta de sinergia entre los diferentes componentes de las fuerzas rusas, en particular entre la aviación y la artillería, ha reducido la eficacia de las operaciones aéreas, confinando la aviación a un papel de apoyo a las fuerzas terrestres.
Como resultado, el conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste donde «la falta de superioridad aérea condujo a un retorno al combate terrestre de trincheras«, explica el general Vaysse.

Ante la imposibilidad de dominar el cielo, el conflicto vio surgir una nueva dinámica: el aumento de los ataques en profundidad en territorio enemigo. Desde el primer día del conflicto, Rusia ha llevado a cabo campañas de ataques estratégicos sobre Ucrania, utilizando misiles de crucero, misiles balísticos y, gradualmente, drones “suicidas” como el iraní Shahed, rebautizado y adaptado por la industria militar rusa. Estas armas económicas y producidas en masa pueden saturar las defensas enemigas y agotar las reservas de munición antiaérea.
Por su parte, Ucrania también ha desarrollado capacidades de ataque profundo, utilizando drones de fabricación local y la red Starlink para llevar a cabo campañas de objetivos mucho más allá de la línea del frente. Los ataques ucranianos tuvieron como objetivo infraestructuras críticas en Rusia, incluidas bases militares y barcos en el Mar Negro, lo que demuestra la importancia de las capacidades de proyección de largo alcance.
A partir de las lecciones que deja este conflicto, el general francés mira al ombligo de su país y sugiere una estrategia nueva en el ámbito aéreo, que pasaría por la necesidad de masa y diversificación de municiones. La guerra en Ucrania está demostrando la importancia del volumen de munición disponible. Para el general Vaysse, la Fuerza Aérea y Espacial debe, por tanto, fortalecer su stock de municiones de precisión para mantener una ventaja tecnológica y atacar objetivos de alto valor mientras desarrolla municiones menos costosas producidas en grandes cantidades. Incluidos los drones acompañantes capaces de saturar las defensas enemigas y abrir el camino para ataques decisivos.

También debería adaptar sus capacidades de defensa integrando un enfoque de múltiples capas contra ataques saturados de drones y misiles, combinando radares, cañones antiaéreos e interferencias electrónicas. Luego está la reapropiación del espectro electromagnético: «El conflicto ucraniano nos recuerda que los problemas electromagnéticos son importantes en el campo de batalla», afirma el general Vaysse, quien, para garantizar la libertad de acción en un entorno conflictivo, considera prioritario detectar y bloquear los sistemas enemigos para interrumpir su comando y su objetivo mediante sistemas ofensivos; reforzar la protección de nuestras plataformas contra amenazas electromagnéticas e infrarrojas; y dotarse de misiles dedicados a la supresión de las defensas aéreas (SEAD), capaces de neutralizar los radares y las baterías tierra-aire enemigas.
Fortalecimiento del espacio
En su día, aquello llamado la guerra de las galaxias que trataba de impulsar la administración Reagan aun en tiempos de la URSS y la guerra fría, sonaba a casi ciencia ficción y tampoco la sociedad parecía tomárselo muy en serio.
Pero hoy, el espacio juega un papel clave en la guerra moderna, particularmente para la observación y la inteligencia. «Los rusos utilizaron sus satélites para impulsar un proceso de orientación, pero su efectividad fue baja. Por su parte, los ucranianos, al no disponer de medios financieros, se encontraron totalmente dependientes de los servicios proporcionados por occidentales como el operador privado Starlink”, reconoce el general Vaysse. Para compensar el coste unitario de los satélites, recomienda establecer un núcleo de recursos soberanos complementado con la compra de servicios comerciales desarrollados por empresas civiles.



